El derecho a la impunidad para las grandes empresas

La renegociación o el rechazo a estos mecanismos de arbitraje no debe entenderse como una hostilidad hacia la inversión, sino como una necesaria actualización del derecho internacional

14 de Abril de 2026
Actualizado el 16 de abril
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Claudia Sheinbaum México derecho
Claudia Sheinbaum durante la conferencia de prensa en la que ha respondido a Isabel Díaz Ayuso | Foto: Presidencia de México

El derecho internacional afronta una crisis de legitimidad sin precedentes en América Latina, donde la tensión entre la soberanía nacional y el régimen de protección a la inversión extranjera ha alcanzado un punto de ruptura. El sistema de arbitraje internacional, diseñado originalmente para ofrecer seguridad jurídica a los capitales privados, es hoy percibido por diversos gobiernos como una estructura que permite a las corporaciones transnacionales eludir los tribunales locales para demandar a los Estados ante organismos supranacionales. En este escenario, México se encuentra ante la encrucijada de mantener la adhesión a estas normas o unirse a una corriente regional que busca desmantelar lo que consideran un sistema profundamente antidemocrático.

El caso de Vulcan Materials Company ilustra con precisión el conflicto entre la protección del interés público y los compromisos adquiridos en tratados como el T-MEC. Cuando el gobierno mexicano detuvo la extracción de piedra caliza en la costa de Yucatán por daños severos a los acuíferos, la respuesta de la empresa no fue dirimir la controversia en el sistema judicial doméstico, sino presentar una demanda por 1.900 millones de dólares. Este litigio demuestra cómo las cláusulas de inversión pueden ser utilizadas como un mecanismo de represalia contra políticas de protección ambiental. La presión no es solo jurídica. La reciente aprobación en la Cámara de Representantes de Estados Unidos de la Ley de Defensa de la Propiedad Estadounidense en el Extranjero, que busca sancionar a gobiernos que afecten activos de empresas de ese país, añade un componente de coacción política que complica la defensa del patrimonio natural mexicano.

Desde una perspectiva de análisis jurídico comparado, México no está solo en esta reticencia. El presidente colombiano Gustavo Petro ha marcado un hito al anunciar el retiro de su país del sistema de arbitraje internacional, una decisión respaldada por figuras de la talla de Joseph Stiglitz y Thomas Piketty. Estos expertos argumentan que el modelo actual impide a los Estados legislar sobre recursos estratégicos como el litio o transitar hacia economías menos dependientes de los combustibles fósiles sin afrontar indemnizaciones multimillonarias. A esto se suma el ejemplo de Brasil, una potencia económica que históricamente ha rechazado otorgar derechos de arbitraje supranacional a inversores privados, demostrando que es posible atraer inversión sin ceder competencias judiciales esenciales.

La oportunidad política para un cambio de paradigma radica en la convergencia de las tres economías más grandes de la región. La alianza potencial entre México, Brasil y Colombia representa casi el 70% del PIB latinoamericano. Este bloque tripartito posee el peso demográfico y financiero necesario para proponer una alternativa al arbitraje tradicional que respete el derecho de los gobiernos a actuar en beneficio del medio ambiente y la salud pública sin quedar atrapados en un estado de indefensión jurídica frente a las grandes corporaciones.

El desafío para la presidenta Sheinbaum consiste en equilibrar la integración económica regional con la recuperación de la autonomía normativa. En un mundo donde la crisis climática exige regulaciones cada vez más estrictas, la persistencia de tratados que penalizan la protección de los ecosistemas se vuelve jurídicamente insostenible. La renegociación o el rechazo a estos mecanismos de arbitraje no debe entenderse como una hostilidad hacia la inversión, sino como una necesaria actualización del derecho internacional para asegurar que la transición ecológica y la justicia social no sean subordinadas a los intereses privados de los tribunales donde las grandes multinacionales gozan de absoluta impunidad.

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