Zapatero rompe su silencio: niega la trama, explica sus actos y exige pruebas

El expresidente rechaza cualquier influencia en el rescate de Plus Ultra, defiende el trabajo de sus hijas y admite que hoy no habría aceptado las joyas, en una entrevista intensa que refuerza su versión sin sustituir la decisión de la Justicia

23 de Julio de 2026
Actualizado a la 13:57h
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Entrevista a José Luis Rodríguez Zapatero en Maáneros 360 de RTVE

José Luis Rodríguez Zapatero acudió a Mañaneros 360 con un objetivo evidente: responder al juicio público formado alrededor de su investigación judicial y fijar con claridad su versión de los hechos. Durante una entrevista extensa y construida sobre preguntas directas, negó haber vendido influencias, intervenido en el rescate de Plus Ultra, ordenado crear sociedades offshore, desviado dinero hacia sus hijas o cometido fraude fiscal en relación con unas joyas cuyo origen evitó concretar.

La comparecencia no puede considerarse una prueba judicial de inocencia, porque una entrevista no sustituye las diligencias, los documentos ni la valoración de un tribunal. Sí permitió comprobar que Zapatero sostiene una defensa articulada y coherente en sus elementos principales, basada en una idea central: quien acusa debe demostrar los hechos. Frente a sospechas, filtraciones y testimonios de terceros, respondió con negativas categóricas y situó el debate en el terreno de las pruebas.

Zapatero contundente

Su afirmación más contundente se refirió a Plus Ultra. Aseguró que no habló con nadie de la SEPI, del Gobierno o de cualquier autoridad pública para favorecer el rescate. No se limitó a negar una presión concreta, sino que rechazó incluso haber mantenido conversaciones sobre la operación. También negó que conociera anticipadamente la decisión o que avisara a Julio Martínez de que la aerolínea sería rescatada.

La entrevista adquirió especial intensidad al plantearse una carta al Banco Santander encabezada con la expresión «siguiendo instrucciones» del expresidente. Zapatero admitió haber llamado a un directivo para facilitar que unas personas fueran recibidas, pero rechazó que esa gestión pudiera equipararse a tráfico de influencias. La explicación delimita una cuestión esencial: dónde termina una intermediación personal y dónde comienza una influencia ilícita. Él ofreció su interpretación; la investigación deberá determinar su alcance.

Análisis Relevante

También fue tajante respecto a Análisis Relevante. Defendió que su relación con la consultora fue profesional, que cobró por trabajos de asesoramiento y que declaró esos ingresos en el IRPF. Negó haber sido socio, firmado contratos con clientes o utilizado la empresa como pantalla. Sobre los documentos que supuestamente demostrarían que captaba clientes, explicó que se limitó a proponer personas interesadas en recibir informes políticos y económicos.

Zapatero evitó confrontar directamente con Julio Martínez y se negó a interpretar sus escritos como una traición. Separó la amistad personal de la defensa judicial y repitió que no entraría en la estrategia de otros investigados. Esa contención resulta coherente con la posición mantenida durante toda la conversación: no atribuir intenciones y ceñirse a lo que afirma haber hecho o no haber hecho.

Las preguntas sobre sus hijas y Bodefat fueron especialmente delicadas. Negó que hubieran actuado como testaferros y afirmó que presentarán contratos, trabajos y documentación para acreditar su actividad. No respondió con detalle sobre las cifras mencionadas, aunque pidió revisarlas y dejó su aclaración en manos del procedimiento. En este apartado, su defensa fue menos desarrollada que en Plus Ultra: rechazó la acusación, pero remitió la demostración concreta a las pruebas judiciales.

Las joyas 

Las joyas constituyeron el flanco más vulnerable. Zapatero explicó que fueron un regalo de cortesía personal recibido hace muchos años, sin intención patrimonial, uso ni destino. Negó haber querido defraudar y cuestionó la valoración económica atribuida, pero se negó a revelar su procedencia porque, según sostuvo, debe conocerla primero la Justicia.

La respuesta fue parcial. Aportó una versión sobre la naturaleza del regalo y admitió que, con la perspectiva actual, no lo habría aceptado. Esa autocrítica resulta relevante, aunque no despeja la pregunta principal sobre quién entregó las joyas y en qué circunstancias. Fue el punto en el que la entrevista no consiguió cerrar el debate público.

Las filtraciones

Otro eje fue la denuncia de las filtraciones y de la incorporación al procedimiento de dos años de agendas, conversaciones, movimientos bancarios y datos privados. Zapatero sostuvo que esa acumulación afecta a su intimidad, al secreto bancario, a terceras personas y al secreto profesional de periodistas. No acusó directamente al juez ni a la Policía de actuar con intencionalidad, pero planteó un problema estructural: la facilidad con la que un proceso reservado puede alimentar un juicio paralelo.

El expresidente respondió asimismo a la dimensión política. Rechazó que nadie pueda afirmar que ha delinquido antes de una sentencia firme y pidió respeto a la presunción de inocencia. Agradeció el respaldo recibido dentro del Partido Socialista, aunque insistió en que no pide confianza por afecto, sino por los hechos que, según asegura, terminarán acreditándose.

Presunción de inocencia

La entrevista no resolvió judicialmente el caso ni eliminó todos los interrogantes. Sí permitió escuchar una defensa extensa, sometida a preguntas insistentes y sin que Zapatero rehuyera los asuntos centrales. Su versión salió reforzada por la claridad con la que negó cualquier intervención en Plus Ultra y cualquier instrucción para crear sociedades offshore. Quedaron, sin embargo, zonas pendientes de documentación, especialmente el origen de las joyas y la justificación detallada de algunos pagos.

Zapatero no demostró su inocencia en sentido procesal, porque eso corresponde a la Justicia y porque tampoco le corresponde al investigado probar que no cometió un delito. Lo que sí hizo fue ofrecer una explicación pública amplia, asumir preguntas difíciles y recordar que las sospechas no equivalen a hechos probados. Tras 65 días de silencio, su defensa está sobre la mesa. Ahora deberán hablar las pruebas.

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