La peripecia naval del crucero MV Hondius, portador de un brote de hantavirus, está volviendo a sacar lo mejor y lo peor de cada institución, de cada partido político, de cada persona. Desde que se supo que la embarcación transporta pasajeros infectados con un virus mortal, la extrema derecha no ha parado de intoxicar a la opinión pública española con bulos, infundios y miedo, mucho miedo. La misma pesadilla que nos hicieron vivir durante la pandemia de coronavirus en una especie de insoportable remake.
Tras conocerse la odisea del crucero, no tardó ni cinco minutos el portavoz nacional de Inmigración de Vox, Samuel Vázquez, en tuitear uno de los habituales mensajes de este partido que avergüenzan al género humano. “El Gobierno ha vuelto a colocar una noticia en portada para tapar los apuñalamientos y violaciones diarias. Hoy hablamos de un barco en Canarias con personas con posible enfermedad contagiosa dentro, como si no llegaran todos los días y sin ningún control barcos así a España”, aseveró. No cabe más negacionismo sanitario, insolidaridad, demagogia barata y racismo en un párrafo tan corto.
Relacionar plagas mortales y razas africanas es de primero de manual de los regímenes totalitarios supremacistas. La decisión del Gobierno de Sánchez de permitir el atraque del barco en un puerto canario para trasladar a los enfermos a centros sanitarios especializados en el tratamiento de enfermedades contagiosas (como el hospital Gómez Ulla de Madrid) es una medida que debería enorgullecernos como país. España dispone de los recursos, los conocimientos y el personal cualificado propios de un Estado moderno y avanzado y es perfectamente capaz de hacer frente a una minicrisis sanitaria que de ninguna manera se puede comparar con lo ocurrido con el covid en el año 2019. Por contra, el plan de Vox (y también del PP, que coquetea con la xenofobia sanitaria y la otra) parece consistir en dejar a la deriva al Hondius, como uno de aquellos buques fantasma de Joseph Conrad donde la tripulación perecía, hombre a hombre, tras caer contagiada por algún mal. Basta ya de fascismo. El hantavirus o virus de los Andes es un viejo conocido de los médicos, en especial de los virólogos. Se sabe cuándo apareció –fue descubierto durante la guerra de Corea, donde afectó a los soldados apostados cerca del río Hantan, de ahí su nombre– y ha sido aislado, estudiado y clasificado. Se sabe cómo se transmite (mediante la interacción con roedores, topos, ratas musarañas y murciélagos) y que no es especialmente listo (ya que no muta con facilidad, al menos hasta el momento). Las posibilidades de contagio entre humanos son reducidas.
No hay motivos para la alarma ni para la neurosis, sabemos lo que tenemos que hacer, pero Vox, una vez más, ha optado por engañar a la población con su maquiavélica propaganda copiada de los viejos manuales goebelsianos. Impedir que el barco con más de un centenar de personas angustiadas amarre en un puerto canario es una crueldad, una más, de este monstruoso partido alimentado con el pienso de la deshumanización, el fanatismo y la intolerancia. Ni siquiera les ha importado que a bordo viaje un puñado de ciudadanos españoles, a los que la extrema derecha pretende dejar también sin asistencia médica, pisoteando sus derechos y exponiéndolos a un contagio (quién sabe si a una muerte probable).
Sucesos como este vienen a demostrar la catadura moral de esta extraña fauna trumpista, desalmada y sin escrúpulos, y ponen en evidencia que el eslogan “prioridad nacional”, lanzado a bombo y platillo por Abascal, no era más que una patraña, quizá un espasmo de racismo incontrolable. En cuanto las cosas vienen mal dadas, a los jefes de Vox, esos que presumen de bravos patriotas, se les afloja el esfínter, se asustan, tiemblan, les entra el pánico al contagio y la neurosis hipocondríaca y se comportan como lo que realmente son: unos auténticos cobardes. Vulgares imitaciones de tipos duros a los que les flaquean las piernas ante el primer resfriado y no solo eso, sino que son capaces de manipular a otros con su veneno populista, como ya están haciendo con esos trabajadores portuarios a los que van a enviar al mar para evitar la llegada del buque a tierra. Muy hombres ante un micrófono; niños obedientes cuando estalla una guerra provocada por papá Trump o trémulos cuando se acerca una plaguilla sin importancia.
La asistencia sanitaria no se le debe negar a nadie, ni a los españoles ni a los extranjeros. Y no solo es una cuestión de pura humanidad, también de cumplimiento de la legalidad vigente, ya que España pertenece a la OMS, que es quien marca las directrices sanitarias, y tiene firmados una serie de convenios y tratados a cumplir. Por no hablar de nuestra Constitución, que establece el derecho de toda persona a la salud, a su integridad personal y a recibir tratamientos médicos. Vox da mucha grima. Pero más da quien le estrecha la mano para sostener sus gobiernos regionales, como hace Feijóo. El gallego ya le hace oídos sordos hasta a la Iglesia católica, que repudia el lema “prioridad nacional” por ir en contra de las enseñanzas de Jesús (“dar de comer al hambriento y de beber al sediento”, también dar medicinas y consuelo en la hora de la enfermedad, habría que añadir, por modernizar el mandamiento y adaptarlo a los nuevos tiempos del Estado de bienestar). No habrá epidemia de hantavirus, insisten los médicos una y otra vez. La auténtica plaga es la que nos ha caído encima con estos tíos que van de machos y a la hora de la verdad se comportan como gallinas y traidores con unos compatriotas abandonados a su suerte en alta mar.