Existe una operación coordinada entre la Administración Trump y las derechas españolas para forzar la caída de Pedro Sánchez y además sigue un paralelismo casi exacto y milimétrico con la estrategia aplicada en Venezuela durante los años de mayor confrontación contra el chavismo. Reuniones discretas con la oposición antigubernamental, activación de agentes judiciales y policiales, guerra híbrida de desinformación en las redes sociales, uso de dosieres secretos de los servicios de inteligencia y una agresiva narrativa internacional destinada a erosionar la legitimidad del Gobierno llevan meses golpeando a la Moncloa. Según esta lectura, el patrón se repite con inquietante precisión.
Durante el inicio del segundo mandato de Donald Trump, la Casa Blanca ha convertido Venezuela (también Cuba) en eje central de su agenda exterior, y no precisamente por motivaciones políticas como la presunta batalla contra el comunismo (esa filfa tan recurrente), sino por intereses económicos: apropiarse del petróleo y de las preciadas riquezas de ambos países. En esa línea, y durante años, altos cargos de la administración MAGA mantuvieron reuniones constantes con líderes de la oposición venezolana, especialmente con el entorno de Juan Guaidó. Aquellas entrevistas clandestinas no solo buscaban coordinar sanciones y presiones diplomáticas, también articular una estrategia de espionaje, lawfare y desestabilización interna. Exactamente la misma maniobra que la Casa Blanca está siguiendo con el incómodo Gobierno Sánchez denunciante del genocidio en Gaza y cabecilla del movimiento disidente del no a la guerra en Irán.
Desde hace meses, la CIA ha venido desplegando estrechos seguimientos a líderes de la izquierda española próximos al chavismo como José Luis Rodríguez Zapatero, que ha terminado cayendo en una compleja trampa en forma de informe policial elaborado por el HSI, una policía aduanera próxima al siniestro ICE encargado de deportar a miles de seres humanos, con métodos propios del nazismo, de Estados Unidos. A este respecto, Enrique Santiago, diputado de Sumar, asegura: “Creo que el señor Feijóo, el señor Abascal y la jefa del PP, la señora Ayuso, tienen que explicar qué estuvieron haciendo todos la semana pasada en la Embajada de los Estados Unidos. Creo que deben explicar si están coordinando algún tipo de actuación que acabe en los tribunales españoles”. No sería la primera vez, ni la última, que ocurre algo así. Trump y la oposición venezolona llevan años trabajando juntos para derribar al Gobierno de Maduro, así que el caso español no hace más que seguir un modelo, un croquis, un patrón. Por si fuera poco, la reunión consular al más alto nivel se produjo en los días previos al histórico auto del juez Calama que imputaba a Zapatero como cerebro de una trama internacional de corrupción. Blanco y en botella, leche.
Desde que Trump amenazó con echar a España de la OTAN y le impuso fuertes aranceles como castigo a su política antitrumpista, se ha consolidado ese programa hostil de la Casa Blanca para pasar a la injerencia directa en los asuntos españoles: presión policial y judicial, virulentas campañas mediáticas en redes sociales con la inestimable colaboración de Elon Musk (el tecnofascismo es un peón clave en el modelo de desestabilización) y la activación de agencias de inteligencia extranjeras (también el Mosad) para generar un clima de convulsión y excepcionalidad en España. El objetivo: forzar un cambio de gobierno, desde la sombra, en nuestro país.
El “método Venezuela”, según esta teoría, habría servido como plantilla para otras operaciones llevadas a cabo en países donde Washington percibe gobiernos poco amistosos o pocos alineados con sus intereses estratégicos y militares. España es uno de los escenarios seguidos con atención por los halcones del Pentágono. En los últimos años, diversos medios han informado de encuentros entre dirigentes del Partido Popular y Vox con figuras relevantes del trumpismo. Estas reuniones no serían simples intercambios ideológicos, sino espacios de coordinación política. El Alto Mando ultra desde el que conjurar el golpe. El viaje de Alberto Núñez Feijóo a Estados Unidos, los contactos de Isabel Díaz Ayuso con think tanks conservadores de Washington, Nueva York y Miami o los constantes encuentros de Santiago Abascal con figuras del entorno del trumpismo internacional se interpretan como parte de una red transatlántica que comparte estrategias y objetivos. La coincidencia temporal entre esos contactos y la escalada de presión judicial y mediática contra el Gobierno de Sánchez no es casual.
El sistema Trump, el método Venezuela, no hace sino continuar una política de frente común que ya pusieron en marcha las potencias del Eje fascista antes de la Segunda Guerra Mundial. Fue así como cayó la Segunda República Española, con órdenes directas desde Berlín y Roma. Trump es un hombre con escasa imaginación y talento incapaz de inventar nada nuevo, ni siquiera la Internacional Fascista/racista contra la que pelea hoy el papa León XIV con un tesón encomiable y conmovedor. Solo la ha adaptado a los nuevos tiempos. Hoy ya no hacen falta tanques ni aviones para enterrar una democracia bajo un montón de escombros, basta con la red social X. Ese clima de golpismo global, de derrocamiento por lo civil o por lo criminal de democracias consolidadas, podría decirse así, se ha instalado en ciertos sectores de la derecha española –acusaciones de ilegitimidad contra Sánchez el okupa, absurdas denuncias de “dictadura” socialcomunista, llamadas a la movilización callejera permanente, todo en un claro lenguaje falangista propio de otros tiempos– y recuerda en buena medida a la estrategia aplicada en Venezuela: crear un clima de ingobernabilidad que desgaste al Ejecutivo hasta forzar su caída. El plan venezolano terminó con el secuestro de Nicolás Maduro y su reclusión en una cárcel de máxima seguridad de Brooklyn; no parece que Trump esté dispuesto a enviar a los marines a la Moncloa en medio de la noche, al menos de momento, aunque en realidad, bien mirado, tampoco lo necesita. Con mover sus hilos, sus peones entre bambalinas, sus sucursales políticas y mediáticas trumpistas en cada feudo, tiene bastante el emperador. El golpe triunfará porque hay un gigantesco Leviatán del mal agitando las aguas tempestuosas de la historia.
