Cayetana Álvarez de Toledo, “Cachetana”, verso suelto del PP, marca su propia política internacional en el partido. Feijóo no puede con ella. Ayer, en sede parlamentaria, durante el Pleno extraordinario en el que el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, expuso la grave situación internacional –anticipando el posible envío de tropas españolas a Groenlandia para hacer frente a una invasión de Estados Unidos–, la diputada popular se permitió acusar al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero de “blanquear la dictadura” de Nicolás Maduro. Una lección más de democracia a cargo de una señora que no tiene reparos en elogiar el expansionismo fascista de Trump y su operación militar para secuestrar al presidente venezolano.
“Cachetana” tiene la triple nacionalidad: argentina, francesa y española, que ostenta desde 2007. Es decir, es un poco de todas partes. Una patriota de muchas patrias. Cuando está en España, se convierte en martillo y azote del socialismo. Cuando visita Francia, es más lepenista del gobierno de Vichy que nadie. Y a la madre Argentina la lleva en lo más profundo del corazón, más ahora, que gobierna uno de sus ídolos, el loco de la motosierra Milei. Ambos coinciden en la visión ultraliberal de la economía y la política; en el diagnóstico sobre los males del país; en la necesidad de llevar a cabo reformas profundas en la línea del nuevo trumpismo totalitario. “Cachetana” Álvarez de Toledo ha llegado a decir que Milei “está trabajando para poner fin a la decadencia argentina”. Admira su programa económico consistente en que el dinero fluya en total libertad, sin control, sin que el Estado ni nadie ponga coto a la especulación, al abuso y a las injusticias del capital. Tú a “Cachetana” le hablas del ingreso mínimo vital para las clases más vulnerables de la sociedad, que ella considera una paguita de vagos y subvencionados, y le da el soponcio.
“Cachetana” dice admirar a Milei, que quiere acabar con el Estado de bienestar a base de recortar presupuestos, cerrar ministerios y mucha guerra cultural. A los dos les va la marcha de las políticas duras, el acratismo sin complejos, la crueldad sádica de la extrema derecha. Álvarez de Toledo escucha los discursos de Milei contra el zurdo socialista, contra el intervencionismo estatal, contra el despilfarro de lo público y la privatización de todo para seguir enriqueciendo a las élites, a las dinastías y aristocracias financieras, y se derrite de gusto. Sin embargo, paradójica y sorprendentemente, “Cachetana” no vive allí, en la Argentina de la ley de la jungla, sino aquí, en la intervencionista España. No al otro lado del Charco, en la Pampa sin ley, sino aquí, en la plácida Europa del Estado de derecho. ¿Por qué? Si tanto le gusta el modelo supremacista de Milei, si tanto admira el caos mileiurista que pretende acabar con la socialdemocracia y el socialismo, ¿por qué no se va a vivir allí, entre los suyos ideológica y políticamente hablando?
Doña “Cachetana” juega a un patriotismo a tres bandas. Cuando la ves subir a la tribuna de oradores de las Cortes, se le hincha la vena del cuello hablando del ignominioso sanchismo comunista. Y cada frase que suelta es una oda más a la contradicción. No debería quedarse en esta autocracia dictatorial y bolchevique ni un minuto más. Si no le gusta que los ricos paguen más impuestos que los pobres, si no le gusta la Sanidad pública soviética, si no le gusta la escuela gratuita y universal, las becas universitarias, las prestaciones por desempleo, las pensiones y las ayudas sociales, ¿qué demonios hace en este país? Nadie la retiene aquí, nadie la tiene secuestrada como si se tratara de una María Corina Machado a la española, nadie la obliga a tragar con un sistema político dictatorial, bolivariano y bolchevique. Puede irse a Barajas en cualquier momento y tranquilamente, tomar el primer avión e irse al edén ultraliberal argentino, al ruidoso paraíso del odio, donde sin duda se sentirá reconfortada, realizada, feliz. “Cachetana” lo tiene fácil ahora que el trumpismo avanza en todo el mundo. Seis horitas de vuelo y el infierno quedará atrás para siempre, abriéndose ante ella el exuberante cielo ultraliberal. Tiene para elegir un largo listado de destinos que ella considerará la utopía política perfecta hecha realidad. Puede mudarse a la América de su idolatrado Trump (siempre con los papeles en regla, no vaya a ser que los “hombres de hielo” del ICE la tomen por una sudaca ilegal y se la lleven esposada y a rastras para ponerla de patitas en la frontera); o con el carcelero medieval Bukele, que ha convertido El Salvador en una inmensa y sórdida prisión sin ningún derecho; o al Chile de José Antonio Kast, el hijo del nazi, según los reportajes de investigación de Associated Press.
“Cachetana” tiene un amplio abanico de posibilidades y de balnearios del nuevo populismo ultraderechista donde instalarse y ser dichosa ya para siempre lejos de la pesadilla española socialdemócrata. Pero no, prefiere vivir en la pérfida Unión Europea, donde los estados siguen recaudando impuestos para mantener unos servicios públicos de calidad; prefiere seguir empadronada en España, un país repleto de piojosos sindicalistas que defienden los derechos de los trabajadores; prefiere sufrir en un lugar todavía rebosante de rojos que lucharán hasta el final para defender las conquistas sociales tras medio siglo de democracia. No aguante más, doña “Cachetana”, no esté por estar entre nosotros, que esta España moderna, avanzada, plural y en libertad no es para usted. Deje de dar la matraca patriotera y váyase con Milei, que la recibirá con los brazos abiertos y la motosierra a todo gas.