Sánchez trolea a Elon Musk y todo el trumpismo

El propietario de X recibe del presidente español de su propia medicina en la propia red social por su visión racista y xenófoba de la migración

30 de Enero de 2026
Actualizado el 02 de febrero
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Sánchez Trump
Sánchez y Trump se saludan el pasado octubre en Egipto.

El Gobierno de coalición progresista de Pedro Sánchez lleva ya un tiempo en el punto de mira preferente de Donald Trump y del resto del trumpismo mundial. Ni que decir tiene que en la diana patria también, en una cacería incansable encabezada por la dirigente popular Isabel Díaz Ayuso y el líder de la extrema derecha española, Santiago Abascal, que ya ni se recuerda desde cuándo lo guardan en todos sus pensamientos diarios. El propio ex mano derecha del presidente estadounidense, el multimillonario sudafricano Elon Musk, ha recibido de su propia medicina en su propia casa, la red social X, después de criticar la política migratoria de España, que ha sido portada esta semana en el influyente The New York Times mientras tropas paramilitares antiinmigración siembran el terror en las calles de su propio país en la ciudad de Mineápolis en la busca y captura de migrantes sin regular.

La marcha de la economía española es ese “pepino” del que muchos hablan en los foros internacionales más especializados, Davos incluido, pero el mismo presidente que envía batallones de corte fascista a las calles de su país a detener como conejos a migrantes sin permiso de residencia y presiona a España para que se arme hasta los colmillos para llenar las arcas de las empresas armamentísticas estadounidenses no se atreve, por el momento, a poner toda su atención en España, como sí lo ha hecho de forma sucesiva con Irán, la Unión Europea, Venezuela, Groenlandia (que pertenece a Dinamarca) e incluso mofándose del presidente francés, Emmanuel Macron. Por algo será. ¿Respeto? ¿Prudencia? ¿Temor? ¿Envidia?

El rotativo estadounidense de referencia ha llevado a portada esta semana el tema de la regulación masiva de migrantes pactada por el Gobierno de Sánchez con Podemos. “España abre una ruta de regulación migratoria, en contraste con el mundo”, titulaba The New York Times, que ponía el foco en la situación totalmente contraria que se vive en su país con la persecución de los migrantes por las fuerzas paramilitares del ICE. “La medida, aprobada inesperadamente, llega en un momento en que otros países toman medidas enérgicas contra la inmigración”, incide el prestigioso periódico.

Portada New York Times
Portada New York Times

Trump y Sánchez llevan ya tiempo marcándose el terreno y mirándose por el rabillo del ojo. Ambos son conscientes de que juegan en un tablero geoestratégico mundial claramente enfrentados ideológicamente desde posiciones totalmente antagónicas. Por un lado, el estadounidense enarbola a nivel mundial una política ultraconservadora y nacionalista extrema, con tintes racistas, xenófobos y extorsionadores (ahí está como ejemplo la presión arancelaria a nivel planetario), pero su economía no despega, al tiempo que practica una política internacional al más puro estilo del lejano Oeste: arraso, llego y me lo quedo, “por las buenas o por las malas”. Ejemplos varios: ataque militar a Venezuela y secuestro del presidente Nicolás Maduro, o presión a la UE para disponer a su antojo de la isla danesa de Groenlandia.

España, en cambio, muestra unos datos macroeconómicos que son la envidia a nivel no solo europeo sino también mundial, una realidad reconocida con la boca pequeña por el propio Trump en una comparecencia pública. Las políticas sociales del ejecutivo progresista español, con la regulación masiva de migrantes, llaman la atención mediática mundial precisamente en el momento en que medio mundo pone al migrante en el eje de casi todos sus males, mimetizando los mensajes racistas y xenófobos de la extrema derecha. No sólo el Estados Unidos de Trump opta por esta vía, también otros países europeos, muy presionados por el auge de la extrema derecha, también secundan esta visión xenófoba y racista con los migrantes. Francia, Italia, Reino Unido, Alemania…

Cuando Sánchez prioriza los problemas de la tierra a las ambiciones planetarias de Musk y se lo dice a la cara en su propia casa sabe muy bien lo que hace, intenta atraer el foco y ponerse en el disparadero a nivel mundial. Por el momento, Trump no se atreve con Sánchez más que a jugar a hacer manitas mientras lo mira con ojos recelosos. Quizá en un mañana no muy lejano se obsesione con él mucho más de lo que aparenta actualmente.

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