Sánchez reivindica una seguridad compatible con el Estado del bienestar

El presidente del Gobierno llega a la cumbre de la OTAN con un mensaje claro. España mantiene su compromiso con la Alianza Atlántica, pero rechaza que el aumento de las capacidades militares deba pagarse a costa de los servicios públicos

08 de Julio de 2026
Actualizado a las 18:48h
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Sanchez Inmigracion frente al odio

Pedro Sánchez ha aterrizado en Ankara con una idea que resume la posición española ante uno de los debates más complejos que afronta Europa. La seguridad colectiva no puede construirse debilitando el Estado del bienestar. Es un planteamiento que adquiere especial relevancia en una cumbre marcada por las presiones de Donald Trump hacia los aliados y por la exigencia estadounidense de incrementar el gasto militar.

España llega a este encuentro defendiendo una posición que no siempre resulta cómoda en el contexto internacional, pero que responde a una lógica política coherente. El Gobierno sostiene que puede cumplir los objetivos de capacidades comprometidos con la OTAN sin asumir automáticamente el umbral del 5% del PIB en defensa impulsado por Washington. La discusión, por tanto, no gira únicamente en torno a cuánto se gasta, sino a cómo se contribuye realmente a la seguridad común.

Los datos respaldan esa argumentación. España ha incrementado de forma significativa su inversión en defensa durante los últimos años, participa de manera activa en las misiones de la Alianza y mantiene una presencia relevante en el flanco oriental europeo. La contribución española no se limita a una cifra presupuestaria. Se mide también en efectivos desplegados, capacidades militares y compromiso operativo.

Ese es precisamente el debate que algunos intentan simplificar. Reducir la aportación de un país a un único porcentaje ignora que la seguridad colectiva depende de múltiples factores y que cada aliado contribuye de manera distinta según sus capacidades, su posición geográfica y sus responsabilidades estratégicas.

Las críticas de Donald Trump vuelven a reflejar una visión marcadamente transaccional de las relaciones internacionales. El presidente estadounidense insiste en interpretar la OTAN casi como un contrato económico donde cada socio debe alcanzar un determinado nivel de gasto para justificar su pertenencia a la Alianza. Esa concepción deja en un segundo plano el principio que dio origen a la organización. La defensa colectiva no funciona como una relación comercial, sino como un compromiso político entre democracias que comparten intereses y valores.

En ese contexto, el mensaje de Sánchez adquiere un significado que va más allá de la política nacional. Defender que la inversión en defensa no debe financiarse mediante recortes sociales supone recordar que la seguridad también depende de la cohesión interna de las sociedades. Un país con mejores servicios públicos, mayor protección social y menor desigualdad no es menos seguro. Probablemente sea exactamente lo contrario.

Europa se enfrenta a un escenario internacional mucho más inestable que hace apenas unos años. La guerra de Ucrania, la escalada en Oriente Próximo y la creciente competencia entre grandes potencias obligan a reforzar las capacidades defensivas. Ese diagnóstico apenas admite discusión. Lo que sigue abierto es la forma de hacerlo.

España plantea una respuesta distinta a la que promueven los sectores más beligerantes de la Alianza. Apostar por reforzar la defensa no exige asumir que cualquier incremento presupuestario sea automáticamente razonable ni aceptar que el coste recaiga sobre la sanidad, la educación o las políticas sociales. Esa disyuntiva, presentada con frecuencia como inevitable, responde más a una decisión ideológica que a una obligación técnica.

La presencia de Sánchez en Ankara también transmite otro mensaje. España continúa reivindicando un papel propio dentro de la OTAN, capaz de defender sus posiciones incluso cuando discrepan de las grandes potencias. Esa autonomía política fortalece la voz del país y demuestra que el compromiso con la Alianza no implica renunciar a defender los intereses nacionales.

La seguridad del siglo XXI exige más inversión militar, pero también democracias sólidas, economías resilientes y sociedades cohesionadas. Separar esos elementos constituye un error de diagnóstico. Sánchez ha querido recordar en Ankara que proteger a la ciudadanía también significa preservar aquello que da sentido a la propia democracia. El Estado del bienestar no es un obstáculo para la seguridad. Es una parte esencial de ella.

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