Rodalies, entre la interrupción y la revisión pendiente

La suspensión total del servicio en Cataluña tras dos descarrilamientos reabre el debate sobre la resiliencia de la red ferroviaria ante episodios extremos y la gestión de una infraestructura envejecida

21 de Enero de 2026
Actualizado el 23 de enero
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Rodalies afronta un examen de seguridad tras los accidentes ferroviarios
Rodalies afronta un examen de seguridad tras los accidentes ferroviarios

La red de Rodalies amaneció este miércoles en silencio. No por una huelga ni por un fallo puntual, sino por decisión del gestor de infraestructuras. Adif suspendió la circulación de trenes en toda Cataluña tras una jornada marcada por dos descarrilamientos, uno de ellos mortal, y por un temporal que dejó al descubierto algo más que muros caídos: la fragilidad acumulada de un sistema ferroviario que funciona al límite incluso en condiciones normales.

Desde primera hora, estaciones como Sants se convirtieron en salas de espera improvisadas. Usuarios haciendo cola para pedir información, justificantes laborales y, sobre todo, una explicación que nadie podía dar con precisión. El servicio queda interrumpido hasta nuevo aviso, repetían los paneles. Lo que había detrás era un proceso más largo y más delicado: la revisión completa de la red para certificar que puede volver a operar con seguridad.

Una red en inspección

Más de un centenar de efectivos —maquinistas, técnicos de Adif y personal de seguridad— recorrieron durante la noche la red catalana en convoyes sin pasajeros. Son las llamadas marchas blancas, inspecciones que solo se activan cuando el riesgo ya se ha materializado. El objetivo: comprobar tramo a tramo si la infraestructura ha quedado libre de obstáculos tras las lluvias intensas que afectaron a buena parte del territorio.

La principal hipótesis del accidente más grave, el de Gelida, apunta al colapso de un muro de contención que cedió por la tormenta y cayó sobre la vía justo cuando pasaba un tren de la R4. El impacto provocó el descarrilamiento del convoy, la muerte del maquinista y dejó 37 heridos, cinco de ellos graves. La imagen del frontal incrustado contra el hormigón resume la escena de una red que no tuvo margen para reaccionar.

Horas antes, en el norte, otro tren de la R1 descarriló al arrollar una roca caída sobre el raíl entre Maçanet-Massanes y Tordera. En este caso no hubo heridos, pero el episodio confirmó que no se trataba de una incidencia aislada, sino de un fallo sistémico bajo estrés climático.

El factor climático, pero no solo

Las autoridades insisten en que el temporal ha sido el detonante. Y lo ha sido. Pero la discusión de fondo va más allá de la meteorología. La red de Rodalies arrastra desde hace años un problema de mantenimiento diferido, una combinación de infraestructuras antiguas, inversiones fragmentadas y una explotación intensiva que deja poco margen para la prevención.

Cuando el clima se vuelve extremo —y lo hace cada vez con más frecuencia—, las debilidades estructurales emergen. Muros, taludes, drenajes, sistemas de detección: todo aquello que no se ve en el día a día se convierte en factor de riesgo. La suspensión total del servicio, una medida excepcional, refleja que esta vez no bastaba con aislar un tramo o improvisar transbordos.

El impacto social inmediato

El parón de Rodalies tiene un efecto inmediato y desigual. Para miles de personas no es una molestia logística, sino la pérdida temporal de su único medio de transporte. La consellera de Territorio, Sílvia Paneque, explicó que la reanudación del servicio solo se decidirá tras una reunión conjunta del comité de emergencias, prevista para media mañana, una vez evaluados los informes técnicos.

Mientras tanto, la red permanece parada. No hay trenes, pero sí preguntas. Y una evidencia: la movilidad cotidiana depende de infraestructuras que ya no pueden pensarse solo en clave de eficiencia, sino de resistencia. La revisión en curso no es solo una comprobación de daños, sino un examen más amplio sobre qué tipo de red se quiere sostener en un contexto donde lo excepcional empieza a ser frecuente.

El silencio de Rodalies no es solo operativo. Es también político y técnico. Y durará hasta que alguien pueda asegurar —con algo más que un parte meteorológico favorable— que volver a circular no será volver a confiar en que esta vez no pase nada.

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