El pelotazo de Trump es nuestra miseria

La guerra de Irán no es más que un paso más en la organización de un inmenso plan financiero, a nivel planetario, para beneficio de unos pocos

09 de Marzo de 2026
Actualizado a las 17:11h
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Colas del hambre durante la crisis originada por la pandemia, otro pelotazo del que algunos sacaron beneficio
Colas del hambre durante la crisis originada por la pandemia, otro pelotazo del que algunos sacaron beneficio

Las bolsas mundiales abren con fuertes caídas provocadas por el pánico a que se prolongue la guerra de Irán. El lunes negro. Trump y sus amigos, los tecnobrós, petroleros de Texas y fabricantes de armas de Wall Street, ya tienen lo que querían: una nueva crisis económica con tintes de fuerte recesión. El mundo empieza a pagar los desmanes del delirante inquilino de la Casa Blanca.

A río revuelto, ganancia de pescadores, dice el dicho popular. Es tan viejo como el origen mismo de los tiempos. Cuando la codicia de los poderosos (y de los aspirantes a serlo) se dispara, el mal de muchos es el beneficio de unos pocos. Para esta gente, la guerra, la peste, el hambre y la muerte –los Cuatro Jinetes del Apocalipsis–, funcionan como los catalizadores o acelerantes perfectos del putrefacto sistema capitalista. No hay nada nuevo bajo el sol en lo que está pasando en el convulso escenario internacional de hoy. La guerra de Trump no es una tragedia inevitable, es un suculento y monumental plan de negocio.

Fue Marx uno de los primeros en apuntar a las crisis cíclicas (bien diseñadas y planeadas por el propio capitalismo industrial) como forma de acumular riqueza. Schumpeter, a su vez, estableció el concepto de “destrucción creativa”, es decir, el capitalismo tiene que destruir para seguir produciendo (el sistema morirá de éxito). Y Thomas Piketty, experto en desigualdad y distribución de la renta, analiza los jugosos procesos de concentración del dinero en dinámicas de crisis y recesión. El asunto está más que estudiado.

No vamos a remontarnos aquí a la época premoderna y a la crisis de los tulipanes registrada en los Países Bajos durante la primera mitad del siglo XVII, cuando “se podía comprar una hermosa casa en el canal de Ámsterdam por el precio de un bulbo” de esa preciosa flor, lo que llevó a la ruina general, según explica Gordon Gekko (magistralmente interpretado por Michael Douglas) en la película Wall Street. Desde el Pánico de Londres de 1825, considerada la primera crisis moderna causada por la especulación financiera y la burbuja, ya llevamos unos cuantos terremotos originados desde los despachos de las altas esferas. En concreto, hubo ocho cracks en el siglo XIX, como el de 1857 (primero de la historia con carácter global). En el siglo XX hubo otras catorce grandes crisis, entre ellas el pánico bancario de 1907, la Primera Guerra Mundial, la Gran Depresión del 29 y la crisis del petróleo del 73. Y qué podemos decir de este siglo XXI que se nos empieza a hacer ya muy largo: en 26 años, cinco colapsos de proporciones mayúsculas: gran crisis financiera de 2007 por las hipotecas subprime y el hundimiento de Lehman Brothers; crisis del euro (2010); crisis del covid 19; crisis energética por la guerra de Ucrania y ahora esta última por la caprichosa guerra del señorito Trump.

Hasta dónde puede llegar el descerebrado megalómano e impulsivo de Mar-a-Lago en su misión Furia Épica, que arrastra a la humanidad al suicidio colectivo, solo el destino lo sabe. Pero ya tenemos datos para concluir que este incendio de Irán que ya se extiende por todo Oriente Medio y por parte de Europa ha sido planeado en varios centros de poder. En los despachos de la Trump Tower de Nueva York, por supuesto; en los despachos del complejo industrial-militar con ramificaciones en el Pentágono (sobre el que ya alertó Eisenhower en uno de sus discursos para la historia); en los despachos de las corporaciones tecnológicas (véase Elon Musk, hasta hace poco asesor de confianza del líder de MAGA) y de las seis mayores compañías petrolíferas (el llamado Big Oil, que ya se reúne sin complejos en la Casa Blanca, convertida en la sede del consejo de administración de Trump Corporation).

Los titulares de prensa empiezan a hablar de crisis y recesión, y ya se sabe que cuando el río suena, agua lleva. Preparémonos para facturones de la luz a precios astronómicos, subida de precios de la cesta de la compra (inflación a tope), paro, caída del comercio internacional y contracción del crecimiento. Serán las clases trabajadoras y más vulnerables quienes, como siempre, paguen el pato de una crisis que no se diferenciará demasiado de las otras. Habrá colas del hambre mientras las élites brindan con champán por el último pelotazo financiero. Pedro Sánchez tiene trabajo con el escudo social.

El orden mundial ha saltado por los aires, el Derecho internacional está siendo pisoteado y la ONU se ha convertido en una especie de silencioso hogar del jubilado a punto de ser clausurado donde cuatro vejetes se reúnen para contarse sus batallitas del pasado. Caminamos, por tanto, hacia un mundo más inestable y peligroso, sí, pero también más rentable, sobre todo para algunos que se frotan las manos. Un mundo sin reglas y sin leyes donde mandan la ley del más fuerte y los grandes tiburones de los mercados. Un mundo en estado de tensión permanente bajo la amenaza del terror nuclear donde hoy explota Venezuela, México o Cuba, mañana vuelan por los aires las monarquías árabes y cualquier día nos tenemos que poner el casco por la invasión yanqui de Groenlandia. Cuando decimos que Trump es el nuevo Nerón de la humanidad, a escala planetaria, no exageramos un ápice. El sátrapa es un yonqui del fuego y la pólvora, disfruta con el olor a humo y cenizas tras el incendio de la aldea global. Un pirómano con manguera ancha y poderes absolutos. ¡Cómo engañó a millones de incautos a los que convenció de que sería el nuevo Premio Nobel de la Paz sin meterse en guerra alguna! Ya todo el planeta es un inmenso campo de batalla de todos contra todos. El sindiós perfecto y total. Cuentan que en las Fallas de Valencia de este año (entre mascletá y bombardeo en Teherán con miles de muertos) va a ser el ninot más recurrente y representado sin que nadie quiera indultarlo. Pues a la hoguera con el odioso personaje.

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