Hay personas que precisan salir del anonimato. Hay héroes a los que nadie aplaude, de los que jamás sabemos o sabríamos nada. Paco H. es uno de ellos. Encarna la solidaridad horizontal más generosa. No es un millonario desprendido, ni mecenas, ni financia nada a nadie. Dona sangre, simplemente.
Paco cuando ve en la pantalla de móvil una llamada del banco de sangre sabe que es algo urgente, muy importante, capital. Deja lo que tiene entre manos. Es un electricista a domicilio cargado de citas y prisas de clientes. Paco acerca el teléfono a su oído. Tras escuchar una voz femenina, que le resulta ya familiar, no duda en acortar su faena. O bien aplazar la que le resta de sus interminables jornadas laborales.
Cuando va al centro de donación y transfusión es consciente que acude a un caso de vida o muerte. Sabe que su sangre salvará una vida que agoniza. Paco H. es un donante ‘de la casa’ desde que tiene 24 años. Tiene un factor RH en su sangre raro, pero puede ser transfundida a otros. Este donante sabe que su sangre o plaquetas no se pueden fabricar, sólo las genera el cuerpo humano. Por más que la ciencia avanzó en todo no logró artificiar nuestro jugo, aunque sí ciertos tejidos y órganos.
Esta vez Paco va en su motocicleta rápido. Le anticiparon que su sangre la urgía un neonato en estado crítico. Otras veces su sangre va a hemofílicos, pacientes de leucemia, parturientas o accidentados en motos como la que conduce a diario. Nuestro donante ya perdió la cuenta de cuántas veces donó sangre. Tiene registradas más de 80, entre plaquetas y sangre total.
La idea de Paco sobre su acto de extender su brazo para que le extraigan sangre empata con lemas que difunde la Organización Mundial de la Salud (OMS): ‘Cada segundo alguien, en algún lugar, necesita sangre’ o ‘Salvar vidas es increíble. Regala vida, regala sangre’.
Donar regularmente regenera
A Paco hace años una hematóloga, que mima a los donantes de grupos poco frecuentes, le explicó que corre pocos riesgos al frecuentar sus donaciones. Su compromiso cívico le mejora el flujo sanguíneo. Al donar depura triglicéridos y equilibra niveles de hierro. Y reduce riesgos de infarto o accidentes cardiovasculares.
Dicha doctora le aclaró que su sangre se compone de hematíes, plasma, células, plaquetas, glóbulos blancos y rojos. Todo se disgrega tras donar. El jugo vital de Paco va, generalmente, en un 60,4% para pacientes oncológicos, de patologías sanguíneas o vencer anemias persistentes. Un 34,3% se destina a post operados y accidentados. Un 2,4% es para mujeres con patologías ginecológicas y partos. Finalmente, un 2,9% va para niños y niñas con distintas y graves enfermedades.
Paco también sabe bien que donar sangre ni duele, ni marea, ni contagia nada, ni engorda, ni adelgaza, ni reduce el apetito sexual. Los tabúes que persisten sobre la donación sanguínea los remata nuestra enfermería: saben dónde pinchar la aguja tras constatar el bienestar de quien dona. Duele más el pinchazo para una analítica, inyectarse fármacos o coger una vía con urgencia.
Electricista a domicilio cargado de citas y prisas de clientes, Paco acerca el teléfono a su oído. Tras escuchar una voz femenina, que le resulta ya familiar, no duda en acortar su faena. O bien aplazar la que le resta de sus interminables jornadas laborales
Hay mitos religiosos que desaconsejan donar y recibir sangre. Los Testigos de Jehová invocan, en falso, el Antiguo y Nuevo Testamento bíblico para abstenerse de recibir sangre. Médicamente tal disparate se rechaza ante salvar la vida. Judicialmente se avala, y al 100%, la transfusión in extremis a pacientes que tienen tan legítimo credo, el mismo que anunció el Apocalipsis en 1878, 1881, 1914, 1918, 1925 o 1975. Y, señoras y señores, aquí seguimos en el mundo que nos tocó vivir.
Para imitar la bondad de Paco hay pocas excusas. Cualquiera, entre 18 y 65 años, con más de 50 kilogramos de peso, salud y -siendo mujer- no esté embarazada puede donar. Sólo precede una entrevista médica y firmar un cuestionario de salud tras exploración, medir la tensión arterial, hemoglobina y pulso. El fin de todo es descartar problemas entre el/la donante y receptor/a.
En la donación se extrae sangre para pruebas sobre hepatitis B y C, virus de inmunodeficiencia o sífilis, más hemograma completo (hemoglobina, plaquetas, leucocitos). Si se hallan incidencias, o no se extrae la sangre o ésta se destina a investigación. Hay, pues, chequeo de salud gratuito.
Nuestro Paco tiene un grupo sanguíneo minoritario. No se puede revelar aquí, pero está entre el B-, AB- y Rh nulo. Los más comunes son el O+ (55% de la población) o el A+ (un 30%).
Entérense. Léanlo con atención. España necesita muchos más Pacos. Más compromiso y regularidad en cuanto a la donación sanguínea. Que repitan tres (mujeres) o cuatro (hombres) visitas al centro de donación cada año. Se calculan sobre 1,2 millones los españoles que donan sangre. Aportan apenas 1.700.000 de bolsas de unos 500 cc de sangre total.
Aunque las cifras son óptimas, y ser campeones mundiales en donación y trasplantes de órganos, la sangre caduca: la duración de algunos componentes tiene poca supervivencia: plaquetas (5-7 días) y glóbulos rojos (42 días).

Donen, por favor
La sangre que Paco y donantes anónimos regalan, repetimos, no es suficiente. Es de aplauso ver colas de donantes cuando hay tragedias que necesitan de extras en los bancos de sangre. Pero cada vez que hay largas vacaciones (verano, semana santa o navidades) las reservas se reducen. A veces a mínimos.
Los hospitales y sus quirófanos cerrarían si no hay suficientes bolsas de sangre. Ningún profesional de la cirugía empieza a operar si no comprueba que, a priori, hay dos o tres unidades de sangre previstas para el/la paciente al que se le mejorará la vida.
La sanidad pública y la Cruz Roja Española ni cobran, ni pagan, por obtener sangre de las mejores personas. La donación altruista es uno de los ejes para salvar vidas con cada bolsa de sangre procesada. En países como Austria o los EE.UU. donde se remunera cada donación su número no palía las necesidades de sus bancos de sangre. Sólo se llenan los bolsillos del negocio de la salud privada y las farmacéuticas que trafican con plasma.
Paco, tras donar, apretarse con un algodón la parte superior del codo y bajarse de la camilla va lento y despreocupado hacia una sala contigua para hidratarse y tomar un bocata. Le viene de perlas. Se lleva una botella de agua y otra de zumo para completar el líquido que su cuerpo precisa tras desprenderse de la sangre donada. Fue un jueves por la tarde.
Al día siguiente Paco se levantó bostezando tras dormir como un lirón. Al verse al espejo del baño esbozó una sonrisa de las que animan el día. Pensó algo que no es fácil olvidar. Un neonato está vivo gracias a él, más dos personas más que jamás conocerá. Su sonrisa es el retorno por la gratitud debida.
Han pasado varias semanas desde que Paco recibió en su móvil la llamada del banco de sangre. Su vida personal y profesional siguen como si tal cosa. Él se considera alguien normal, que hace lo que puede por los demás. Pero está muy equivocado. Paco es un héroe. Muchas, cientos, de sonrisas empujan la vida solidaria de un hombre que dona sangre.
Posdata: Paco es un nombre ficticio, pero el donante existe. El firmante del artículo milita en esa causa. Ha donado sangre más de 150 veces. Imítennos, por favor, al Paco del artículo y a servidor. No cuesta nada. Gracias mil.