Otro 11M a la vista en Adamuz

El PP y la extrema derecha ya preparan un nuevo campo de batalla política a costa de la catástrofe ferroviaria de Córdoba, tal como ya ocurrió con la dana

20 de Enero de 2026
Actualizado el 21 de enero
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Imagen del accidente ferroviario en Adamuz
Imagen del accidente ferroviario en Adamuz

El 11M fracturó en dos a la sociedad española. El intento de politización de los atentados por parte del Gobierno de Aznar llevó a una reacción de la izquierda en busca de la verdad. Desde que estallaron las bombas, que fue también un estallido del consenso instaurado en la Transición, volando por los aires el sistema bipartidista, se planteó un campo de batalla: si el autor de la masacre era ETA, el PSOE quedaba marcado y el PP salía indemne; si por el contrario se demostraba la autoría de Al Qaeda, el suceso obedecía a una cruel represalia del mundo yihadista por la participación de España en la invasión de Irak (una cruzada personal y particular del propio Aznar, que embarcó a nuestro país en una guerra tan inmoral e injusta como estúpida y absurda), con el consiguiente coste en las urnas. Al final, se demostró que la descabellada teoría de la conspiración de Génova 13, alimentada por algunos medios como El Mundo, no fue más que una farsa, una manipulación informativa para que la derecha pudiera conservar el poder en unas elecciones que estaban a la vuelta de la esquina.

Hoy, más de dos décadas después, otros trenes de la muerte, esta vez accidentales, van camino de ahondar un poco más, si cabe, en esa cainita polarización que vivimos desde entonces. El choque de dos trenes en la pequeña localidad cordobesa de Adamuz (con 41 muertos contabilizados hasta el momento y más de un centenar de heridos) apunta a un nuevo duelo entre los dos partidos mayoritarios. Es cierto que en las primeras horas tras el siniestro se ha mantenido una tregua, una cierta entente cordial, una imagen de unidad, de lealtad y de respeto institucional ante la catástrofe –más por no causar un daño gratuito a las víctimas durante el luto que porque no haya ganas de entrar al trapo en otra refriega tribal–. La imagen de Pedro Sánchez y Juanma Moreno Bonilla juntos en las tareas de coordinación es edificante y reconforta, pero quizá, a fin de cuentas, no sea más que un espejismo, ya que cabría preguntarse cuánto tiempo van a tardar populares y socialistas en entrar en el cuerpo a cuerpo con las habituales declaraciones cargadas de violencia verbal incontenible.

De momento, la tragedia ya está siendo politizada, de forma nauseabunda, por Vox, que no ha respetado ni siquiera el duelo. Con los cuerpos aún calientes de los muertos, y sin apenas datos sobre las causas del siniestro, Abascal señalaba directamente a la incompetencia del Gobierno de Sánchez, y en esa línea, el mamporrero oficial voxista, Jose Antonio Fuster, salía a la palestra para propalar el bulo de que Moncloa está regalando millones de euros a Marruecos y Uzbekistán con el fin de que puedan mejorar sus infraestructuras mientras la red española ferrovaria se cae a trozos (un cuento chino convenientemente amplificado por el bulero mayor del Reino Vito Quiles). Mucho nos tememos que, aunque Feijóo ha estado más o menos comedido y en su sitio en el triste episodio ferroviario de Adamuz, esta apertura de hostilidades de la extrema derecha terminará poniéndolo nervioso, como suele ocurrir, y no tardará mucho en subirse al carro del bulo y el delirio ultra para no perder votos respecto a su inmediato competidor (de paso para no quedar como un maricomplejines respecto a su delfina Ayuso, a la que le está costando mantener sujeta su lengua viperina para no dar rienda suelta a su tradicional carrusel de ayusadas).

Así están las cosas. Unos y otros cargan la munición y preparan un nuevo campo de batalla, tal como ya ocurrió con la dana de Valencia, donde los Feijóo, Mazón, Salomés y otros dieron un espectáculo lamentable de desidia, torpeza y mendacidad. Preparémonos, por tanto, para otra agria confrontación política a costa del peor accidente ferroviario en la historia de nuestra Alta Velocidad (conquista y gran logro técnico de este país). Al igual que el 11M abonó dos teorías antagónicas, lo mismo ocurrirá con el accidente de Adamuz: si lo que ha fallado ha sido la vía (se ha detectado una rotura del raíl de medio metro), los culpables serán Adif, Sánchez y Óscar Puente por incompetencia al permitir que el ferrocarril se degrade hasta oxidarse; si la causa está en la rueda del Iryo, que se salió del eje rompiendo el carril, o en un bogie suelto o mal apretado del vagón, la izquierda cargará contra las privatizaciones, el capitalismo de amiguetes y el modelo de colaboración público-privada tan de moda entre la derecha patria. Se forzarán interpretaciones para ajustar cada versión al marco ideológico propio, se manipulará lo que haya que manipular para acusar al otro. Feijóo ya ha avanzado que se depurarán todas las responsabilidades caiga quien caiga y Puente no deja de repetir que el accidente es “extrañísimo”, preparando el informe del CIAF que podría apuntar a posibles fallos en los vagones de la empresa privada. Cada ciudadano podrá quedarse con la versión que más se ajuste a su forma de pensar. Todo menos ponerse a trabajar duro y en unidad de acción para que esta horrible catástrofe no se vuelva a repetir. Spain is different.

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