Carlos Mazón ha vuelto a dar otro espectáculo denigrante para la raza humana sobre su nefasta gestión en la riada, esta vez en la comisión de investigación del Congreso. Su retahíla de mentiras no ha cesado desde hace un año, en concreto desde aquel 29 de octubre en el que 229 valencianos morían ahogados mientras él comía con una periodista en el restaurante El Ventorro. El barón valenciano de Feijóo está intslado en un show must go on permanente y hoy no podía ser menos: ha vuelto a mentir como un bellaco y a incurrir en flagrantes contradicciones tratando de idiotas a los valencianos. Sin duda, la jueza de Catarroja habrá tomado buena nota.
Solo Gabriel Rufián ha sabido poner en su sitio al negligente. Mientras el líder de Esquerra le iba mostrando las fotografías de los fallecidos, le lanzaba una y otra vez una pregunta retórica (“¿dónde estaba usted a esa hora?”), para culminar el interrogatorio con un demoledor: “Yo se lo diré, en el Ventorro”. El alegato final de Rufián ha sido de lo más heavy que se ha escuchado en sede parlamentaria y quedará en los anales del Congreso: “Usted es un inútil, un mentiroso, un incapaz, un homicida y un psicópata. Y ojalá pague con cárcel”. En esa línea de vapulear al compareciente hasta destrozarlo, sin perdón como en la película de Clint Eastwood, han ido los diputados de la izquierda, desde Sumar a Compromís pasando por el PSOE. El representante de Vox, Gil Lázaro, se limitó a darle aire con la toalla, cremita, hielo y masaje, mientras el noqueado, con el ojo morado, los brazos exánimes y la brecha en la ceja, agonizaba en un rincón del cuadrilátero.
Por momentos, Mazón parecía un conejillo tembloroso a punto de ser devorado, pero entre carita de cordero degollado y mueca de víctima maltratada, trataba de colocar alguna de sus mentiras habituales. Esta vez tocaba decir que él no era responsable de lanzar la alerta a la población, el sistema ES-Alert que hubiese salvado decenas de vidas. Con total desfachatez, Mazón ha sido capaz de afirmar en sede parlamentaria que el envío de ese mensaje masivo telemático no dependía de él. Sin embargo, si es así, ¿cómo puede ser que entre las 20.10 y las 20.11, en ese minuto para la infamia en el que ya era tarde y cientos de personas se encontraban con el agua al cuello, él habló con su consejera Pradas y le ordenó, esta vez sí y por fin, enviar el mensaje tan necesario como urgente? Él mismo se delata. La pregunta que surge de forma inmediata es: si no era el competente para tomar esa decisión, ¿por qué finalmente fue él quien, tras todo un día de nervios y tensiones en el que los técnicos del Cecopi no se explicaban la tardanza, dio las instrucciones precisas para que se lanzara el SOS de ES-Alert? Era él el máximo responsable, la jueza de Catarroja lo sabe y por eso lo llamará a declarar, más pronto que tarde, en calidad de imputado.
Gabriel Rufián a Mazón: "Usted es un inútil, un mentiroso, un incapaz, un miserable, un homicida y un psicópata, y ojalá pague con cárcel todo lo que ha hecho y el pueblo de Valencia les deje de votar". @gabrielrufian pic.twitter.com/ctsuMMy1V4
— DiarioSabemos (@DiarioSabemos) November 17, 2025
La única verdad es que Mazón subestimó la amenaza del temporal, algo que, por otra parte, no extraña si tenemos en cuenta que su Gobierno se sustenta en la extrema derecha negacionista del fenómeno del cambio climático, causante de danas cada vez más voraces y destructivas. No vio necesaria su presencia en el Cecopi por varias razones. Primero porque estas cosas de Protección Civil que no dan dinero ni pelotazos urbanísticos aburren a sus señorías de la derecha ultraliberal española (por desgracia el historial es amplio y no hay más que tirar de hemeroteca para comprobar que detrás de cada catástrofe vivida por este país siempre ha habido un tarugo, inepto, insuficiente, negado o zote del PP). En segundo término, porque debió pensar que paralizar la actividad económica de una comunidad autónoma tan turística como la valenciana en vísperas del Puente de Todos los Santos le iba a dejar en muy mal lugar ante la patronal. Y en tercer lugar, qué demonios, al exhonorable Mazón le ponía mucho participar en no sé qué entrega de premios y quedar después, para celebrarlo, con una señorita con la que darse el pisto y tirarse el nardo en un restaurante de altos vuelos. Todo ello le llevó a desertar gravemente de sus deberes, obligaciones y responsabilidades. Pocas veces se ha visto un caso tan flagrante de político entregado al pasotismo sin complejos.
🗣️ Rufián: “Yo no era el que tenía que activar la alerta" Mazón: “ Yo tampoco" #mentiras #Mazón@gabrielrufian pic.twitter.com/TQPgbkLvQu
— DiarioSabemos (@DiarioSabemos) November 17, 2025
“Agua y algo de vino”. Eso es lo que, tras ser interrogado por un comisionado sobre el menú de aquella tarde negra de sangre y arena en el Ventorro, dice que bebió. Ahora bien, ¿fueron dos copas o fueron más? ¿Fue un chupito o una cuba? Cualquiera sabe que la fiesta produce un efecto agradable que adormece los sentidos. El tiempo se dilata einstenianamente, el espacio se transforma. Todo cambia bajo los efectos de un par de copas hasta sumergirlo a uno en un sueño placentero del que no se quiere despertar. Un año después y, por fin, ha confesado cuestiones tan importantes como que, aquel día, el más trágico de la historia de Valencia, le dieron a probar unos buenos caldos de la tierra en una venta de lujo. La cantidad de bebercio injerida es un dato fundamental en este caso tan onírico como extraño.
Mazón en el mesón, esa es la cuestión. ¿Qué hizo, qué comió, qué le dijo a su acompañante como comensal? ¿Por qué no atendió a las múltiples llamadas de su equipo que reclamaban su presencia en un Cecopi donde, por momentos, reinaba el caos, el desorden y el descontrol como en un camarote de los Hermanos Marx a la valenciana? El exhonorable debe ser el único presidente del mundo que siempre lleva una muda en la mochila para quitarse el traje por lo que pueda pasar, tal como él mismo ha reconocido en la comisión parlamentaria. Ahora nos enteramos por el propio president que quizá no solo llevaba el famoso jersey de lana en la mochila (con el calor que hace en Valencia en octubre), sino también el teléfono móvil que no oyó sonar. ¿Va duro de oído, sufre de sordera súbita o es que se hizo el sueco? ¿Acaso era más importante la amena conversación de fútbol, camino del parking con su compañera de ágapes, que la muerte de tantas personas? Cada vez que Mazón comparece ante un organismo público para rendir cuentas se embarra un poco más. Hoy ha dejado otra estela de lodo pestilente tras de sí en las moquetas y pasillos del Congreso.