La inflación vuelve a marcar el camino del salario mínimo para 2027

Trabajo prepara una nueva subida del SMI y anticipa que la evolución de los precios pesará en la negociación. Después de años de fuertes incrementos, la cuestión vuelve a ser cuánto queda de una mejora salarial cuando llega la vida real

03 de Septiembre de 2026
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La inflación vuelve a marcar el camino del salario mínimo para 2027

El salario mínimo de 2027 empezará a negociarse con un viejo adversario otra vez sobre la mesa, el coste de la vida. La inflación repunta y el Ministerio de Trabajo ya ha adelantado que la evolución de los precios será uno de los elementos que deberá pesar cuando, durante el último trimestre del año, comience la discusión sobre la próxima subida del SMI.

Para quien cobra el salario mínimo, el debate tiene bastante poco de abstracto. Una subida puede desaparecer en pocos meses entre el alquiler, la cesta de la compra, la electricidad o los gastos cotidianos si los precios vuelven a correr más que los salarios.

Joaquín Pérez Rey lo reconoció este miércoles. El secretario de Estado de Trabajo señaló que la inflación vuelve a ser motivo de preocupación porque empieza a provocar una pérdida de poder adquisitivo tanto entre quienes perciben el SMI como entre los trabajadores cuyos salarios dependen de la negociación colectiva. Trabajo tiene clara una cosa. El salario mínimo debe seguir subiendo, lo que todavía no está decidido es cuánto.

Cuando subir el salario ya no basta

La discusión ha cambiado bastante en pocos años. Durante mucho tiempo, cada incremento del SMI venía acompañado de advertencias sobre sus posibles efectos sobre el empleo. El suelo salarial, sin embargo, ha seguido avanzando mientras España alcanzaba niveles históricos de afiliación. En 2026 quedó fijado en 1.221 euros mensuales en catorce pagas, un 3,1 % más que el año anterior. Desde 2018 acumula una subida del 66 %.

Aquella discusión no ha desaparecido por completo, pero ha perdido centralidad. Ahora importa también saber cuánto debe crecer un salario para que los precios no terminen comiéndose una parte de la mejora.

Una nómina puede aumentar y permitir, al mismo tiempo, comprar menos. Ese será uno de los puntos de partida de la negociación de 2027. Pérez Rey sostiene que el Gobierno deberá adoptar medidas para evitar la pérdida de poder adquisitivo y confirma que la inflación formará parte del cálculo cuando se abra la mesa durante el último trimestre.

Trabajo ha descartado una segunda revisión extraordinaria del SMI este mismo año y prefiere llevar la evolución de los precios a la negociación de la cuantía del próximo ejercicio.

Pero el debate salarial no termina en la cifra que cada año aprueba el Consejo de Ministros. Trabajo mantiene en tramitación el real decreto que pretende modificar las reglas de absorción y compensación. Puede parecer una cuestión reservada a especialistas en Derecho laboral, pero tiene una consecuencia bastante fácil de entender. Determina cuánto de una subida del salario mínimo llega realmente al bolsillo de quien trabaja.

El sistema actual permite que, en determinadas circunstancias, algunos conceptos salariales que ya percibe el trabajador sean utilizados para alcanzar la nueva cuantía mínima. Gobierno y sindicatos acordaron este año abordar una regulación específica para evitar que ese mecanismo reste efectividad a las subidas.

Pérez Rey asegura que el decreto continúa su tramitación ordinaria, pendiente de distintos informes, y niega que exista un conflicto dentro del Ejecutivo. La norma servirá además para incorporar la regulación europea sobre salarios mínimos adecuados. No basta con elevar una cantidad en el BOE si después esa mejora se diluye antes de llegar a la nómina.

El salario también tiene género

Septiembre traerá además otro frente. Trabajo pretende volver a reunir este mes la mesa de transparencia salarial y considera que las posiciones de sindicatos y empresarios están próximas a un acuerdo.

La negociación afecta directamente a una desigualdad que el mercado laboral todavía no ha conseguido borrar. Pérez Rey lo resumió este miércoles de manera rotunda al defender que la única brecha salarial aceptable es cero.

El salario mínimo forma parte de esa discusión por una razón bastante concreta. El 61 % de las personas beneficiadas por la subida aprobada para 2026 son mujeres, según el informe de CCOO difundido cuando el Consejo de Ministros aprobó la nueva cuantía.

No es un efecto secundario. La mayor presencia femenina entre quienes perciben los salarios más bajos convierte cada incremento del suelo retributivo en una medida con un impacto especialmente intenso sobre las trabajadoras.

Trabajo quiere acompañar esa política con las nuevas reglas europeas de transparencia salarial, destinadas a reforzar el principio de igual retribución entre mujeres y hombres por trabajos iguales o de igual valor. El diálogo social para su incorporación a la legislación española volverá a reunirse este mes.

El último trimestre concentrará buena parte de esa agenda. Tocará negociar el salario mínimo de 2027, avanzar en las nuevas reglas de absorción y compensación y retomar el diálogo sobre transparencia retributiva. Y esta vez la inflación también estará sentada a la mesa.

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