Hay marcianos en la Casa Blanca

Donald Trump anuncia que desclasificará documentos secretos relacionados con ovnis y extraterrestres

20 de Febrero de 2026
Actualizado a las 22:34h
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Donald Trump y Musk en la Casa Blanca
Trump y Musk en la Casa Blanca

Donald Trump ha dado orden de desclasificar los documentos secretos sobre ovnis, extraterrestres y otros fenómenos extraños. Siempre teniendo en cuenta que estamos ante un hombre de poco fiar, llama la atención que haya definido todo ese material como “complejo, pero extremadamente interesante e importante”. ¿Qué está queriendo decirnos el señor Naranja con que los archivos tienen su enjundia? ¿Hay cosas que la opinión pública no conoce y que podrían ayudarnos a entender si hay civilizaciones más allá de este planeta? Todo son incógnitas.

Desde luego, visto lo visto, es más probable que haya vida inteligente en otras galaxias que en la White House. Así que, por ahí, ninguna sorpresa. Desde que perdimos la inocencia con Expediente X, aquella serie de nuestra juventud protagonizada por los agentes especiales Mulder y Scully, sabemos que en el Gobierno norteamericano siempre ha habido conspiraciones, conjuras, maniobras orquestales en la oscuridad. El Fumador, aquel personaje inquietante que siempre estaba detrás de cada caso, entre nubes de humo, no es ningún mito, ninguna quimera. Por los pasillos del Pentágono y de la CIA circulan muchos señores fumadores que saben más de lo que cuentan y que le van al jefe Trump con historias paranoicas de todo tipo.

Hemos entrado en un momento distópico de la historia y cualquier cosa es posible. Lo estamos viendo estos días con el caso Epstein, un tipo que era mucho más que un degenerado vivalavirgen, mucho más que el proxeneta o alcahuete de las élites. En la agenda del pederasta más famoso de la historia estaba todo dios, desde el propio Trump hasta Elon Musk, desde Mette-Marit, la princesa heredera consorte de Noruega, hasta el príncipe Andrés. Por cierto, la cara de este último saliendo de los calabozos de Scotland Yard es la de alguien que acaba de ver a ET. Pálido y demacrado, desnortado y ojiplático, como si acabara de salir de una fiesta salvaje en la isla privada de Epstein. La historia lo tiene todo, poder, sexo extraño (con salas de dentista para gozar con el dulce dolor sadomaso de unas tenazas) y hasta una trama de espías. Porque no olvidemos que Epstein era algo más que el gran chulo de la aldea global que proveía de niñas a los pedófilos y puteros de las oligarquías y estirpes de la realeza. Era un agente doble que intercambiaba carne fresca por información privilegiada. ¿Sabía Epstein algo específico o concreto sobre los documentos relacionados con ovnis y extraterrestres? ¿Lo suicidaron los fumadores en una celda del Centro Correccional Metropolitano de la ciudad de Nueva York? Quién sabe.

Sea como fuere, los platillos volantes se han convertido en parte importante de la política estadounidense, como los aranceles, los planes de ataque contra Irán y la detención de Nicolás Maduro. Hace solo unos días, Barack Obama también la liaba parda al referirse a esos entes misteriosos extraplanetarios como quien no quiere la cosa. El expresidente demócrata, en una entrevista, llegó a decir que los extraterrestres “son reales”, aunque él no los ha visto.  Y cuando negó que haya cuerpos de otras especies alienígenas congelados en la base militar secreta Área 51, en el desierto de Nevada, su declaración se hizo viral. La gente ha terminado por pensar que si Obama lo dice es que tiene que ser verdad que existe vida inteligente en el espacio. 

De un tiempo a esta parte, el asunto de los marcianos ya no vendía, estaba de capa caída y ni siquiera interesaba en los programas de Íker Jímenez. Las historias sobre aliens conocieron su máximo apogeo durante la Guerra Fría. El clima de miedo a un conflicto nuclear entre las dos grandes superpotencias, la carrera espacial y los avances tecnológicos fueron el caldo de cultivo perfecto para los cómics y las películas de ciencia ficción de serie B. Hoy nos encontramos en un momento muy parecido. Hemos retornado a la sociedad del miedo y los gobernantes de Occidente como Trump, convertidos ya en autócratas, ven en los relatos sobre visitantes siderales un preciado filón para tener al personal entretenido o asustado, según. Un país atemorizado es más fácilmente controlable, manipulable e influenciable. Digiere mejor el elixir anestesiante de la secta MAGA y del ciberfascismo.

Todas estas historias y cuentos fantásticos sobre hombrecillos verdes que nos llegan de la decadente América tienen un solo objetivo: seguir manipulando a las masas, que mientras están ocupadas mirando al cielo o preguntándose si el vecino del quinto es en realidad un saturnino o venusino disfrazado de oficinista no se preocupan de las redadas del ICE y del golpe de Estado lento que nos están dando los trumpistas. Por Carl Sagan y Stephen Hawking sabemos que, por pura estadística, el universo debe ser un hervidero de especies racionales. Hay más planetas habitados que granos de arena en una playa. El problema es saber si nos han encontrado y nos cruzamos con ellos por la calle al ir a comprar el pan.

Uno cree que no hay ninguna noticia nueva o sensacional en los archivos clasificados porque los marcianos ya conviven con nosotros desde hace tiempo. Basta con ver a Donald Trump. Una piel cítrica y endurecida propia de dinosaurio como esa solo puede ser consecuencia de la sobreexposición a una radiación rara, corrosiva y ácida de otro mundo (eso o bebe lejía para curarse los catarros). La cara plástica de androide de Elon Musk no es normal (tampoco que le ponga nombres de contraseñas numéricas a sus hijos). Y hay que ser muy de otro mundo, muy alienado de alien, para no tenerle miedo a los gérmenes, virus y bacterias, como le ocurre al secretario de Salud Kennedy (todo él se comporta como un microbio gigante de dos patas, en plan bicho de Men in Black). Hasta Melania, con esa mirada fría de lagartona eslava, se da un aire a Diana la de V. En España tenemos a Figaredo, de Vox, que últimamente dice cosas esotéricas y ya solo le falta el casco con antena hecho de papel de plata, bip, bip. No hay ninguna duda, los marcianos existen. Y caminan entre nosotros como si nada.   

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