Hasta las ratas son más dignas que la derecha española

PP y Vox, además del presidente canario Clavijo, rubrican otra página infame de la historia durante la crisis del hantavirus

11 de Mayo de 2026
Actualizado a las 15:33h
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La derecha española ha quedado en evidencia tras la crisis del hantavirus
La derecha española ha quedado en evidencia tras la crisis del hantavirus

La crisis del hantavirus está controlada. Los expertos en virología coinciden en que la evacuación del barco se ha culminado con éxito: los pasajeros extranjeros del crucero contaminado ya están en sus países de origen y los españoles en el hospital Gómez Ulla con asistencia médica y sin peligro alguno para la sociedad. El dispositivo ha sido un ejemplo de coordinación internacional bajo supervisión de la OMS y todo ha salido a la perfección, según los protocolos establecidos para crisis sanitarias por brotes de algún virus. España queda como lo que es: un país con una Sanidad pública de vanguardia, con unas autoridades responsables que se han tomado el episodio en serio desde el primer momento y con una ciencia moderna y avanzada. El tuit de felicitación de Ursula Von der Leyen hablando del “eficiente desembarco” de personas contagiadas en Tenerife, con felicitación incluida para Pedro Sánchez, resume lo que ha pasado. No hay más preguntas, señoría.

España da un ejemplo de eficacia y solidaridad y solo un sector del país sale seriamente deteriorado por el incidente del virus de los Andes: la ultramontana y carpetovetónica derecha española que, una vez más, ha dado la nota. El presidente canario Clavijo queda como un cuñado o indocumentado en materia sanitaria, cuando no como un gobernante populista y demagógico ávido por arañar votos en un escenario de tensión; Feijóo pasa a la historia como un supercontagiador de bulos del tamaño del crucero al que algunos pretendían condenar a la deriva y a vagar de océano en océano sin atender a los enfermos; y de Santiago Abascal qué podemos decir: esa frase propia de un marciano –“Sánchez es capaz de generar una pandemia para tapar su corrupción”– ha dejado estupefacta a la opinión pública sensata y cuerda (ya no cabe duda de que Abascal es Trump en moreno y con afilada perilla de califa).

Todo este espectáculo oportunista y de bajeza moral, histriónico e histérico, que ha dado el mundo conservador patrio –con afirmaciones como que los mosquitos contagian el hantavirus o que los ratones de campo pueden llegar a nado hasta la costa canaria–, viene a demostrar en manos de quién está la gente que les vota en las diferentes comunidades autónomas donde PP y Vox firman los pactos de la vergüenza. La imagen de Mónica García ofreciendo datos avalados por la comunidad científica en tiempo real, mientras los prebostes conservadores de Génova y Bambú se dedicaban a propalar infundios, es demoledora. Feijóo se ha retratado como un hombre al que le queda grande el cargo de jefe de la oposición, ya que, cuando lo que tocaba era situarse al lado del Gobierno y mostrar todo el apoyo y la colaboración posible, se dedicó a poner palos en las ruedas. Sonrojante ese momento en que los Ester Muñoz y Bendodo pedían dimisiones pese a que ni siquiera se había producido la evacuación del barco fondeado frente al litoral canario.

Tenemos una derecha enloquecida, fanatizada y montaraz que no augura nada bueno para el país en el caso dramático de que esta gente llegue algún día al poder. Clavijo se ha pasado media crisis quejándose de que Mónica García no le cogía el teléfono, hasta que la prensa aireó las 18 llamadas que recibió en su móvil de la ministra. Glup. El presidente canario ha ido de ridículo en ridículo, desde su desconocimiento sobre la gestión de los puertos (que corresponde íntegramente al Estado, él no es nadie por mucho presidente autonómico que se crea), hasta su falta de cultura general al no ser capaz de distinguir una rata de un ratón (insistió una y otra vez en infundir pánico a la población con supuestos roedores natatorios y poco le faltó para inventarse una especie de rata voladora contagiada dispuesta a aterrizar en la playa de las Teresitas). Clavijo se ha convertido en carne de meme (maravilloso ese montaje en que aparece surfeando las olas a lomos de una rata gigante), pero Feijóo y Abascal salen tan marcados como él por el incidente del hantavirus. Unos y otros se han acostumbrado a hacer el papel de bufones trumpistas en casos de catástrofes. Allá ellos. El trumpismo ha entrado en franca decadencia en USA, el país que vio nacer esta plaga ideológica que embrutece al personal, y pronto llegará el declive también a sus sucursales europeas.

El espectáculo denigrante dado por la derecha la pasada semana se completó con el esperpéntico viaje de Ayuso a México. La lideresa decidió hacer las Américas para reivindicar el papel del conquistador Hernán Cortés justo cuando los pacientes en cuarentena del crucero iban a ser trasladados al hospital madrileño militar especializado en pandemias. Resulta difícil saber quién ha hecho más el tonto en los últimos días, si los Feijóo y Clavijo boicoteando la operación de salvamento del crucero afectado por el brote vírico o la lideresa castiza intentando convencer a los mexicanos de que el verdugo español de los pueblos precolombinos era, en realidad, un misionero por la paz, la concordia y la fraternidad. El problema no son los roedores natatorios inexistentes, una invención de esta derecha tarambana que nos ha caído en desgracia. El problema es esa camada de políticos carroñeros que, en los peores momentos para una nación, se convierte en parte del problema más que en parte de la solución. Dicen que las ratas siempre son las primeras en abandonar los barcos a punto de hundirse. Algunos, cuando el país zozobra en medio de una tempestad, saltan también por la borda en lugar de remangarse y ponerse a remar.

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