Feijóo ya negocia con quienes quieren romper España

Junts y PNV sopesan dar el paso de apoyar una moción de censura contra el Gobierno de Sánchez

17 de Junio de 2026
Actualizado a las 16:31h
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Feijóo Puigdemont
Imagen creada con la herramienta Grok de Inteligencia Artificial

Arrecia la ofensiva judicial y mediática contra el Gobierno de coalición mientras las derechas españolas y las nacionalistas engrasan la pinza para darle el golpe de gracia a Pedro Sánchez. La enmienda firmada por PP y Junts para someter a una cuestión de confianza al presidente del Gobierno es, sin duda, el paso más trascendental de esta convulsa legislatura. Desde Waterloo, Puigdemont ha dado la orden de ir a por todas por los supuestos casos de corrupción del PSOE y solo un movimiento in extremis de la Mesa del Congreso ha evitado la acción parlamentaria, que tenía como objetivo exigir a Sánchez la disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones generales anticipadas.

Una vez más, se trataba de una de las habituales trampas del Partido Popular, en este caso camuflar una moción de censura bajo el disfraz de una enmienda sin valor jurídico vinculante. A Feijóo siguen sin darle los números, los escaños, la aritmética para desalojar del poder al Gobierno, y ya recurre a cualquier truco o artificio para lograr su propósito, incluso retorcer el reglamento parlamentario para adaptarlo a sus propios fines políticos. Ha hecho bien la Mesa en pararle los pies. A lo largo de toda la legislatura hemos estado viendo cómo los populares degradaban las instituciones de la mano de Vox, un partido que ha llegado para demoler el edificio democrático constitucional. Así, los de Feijóo y los de Abascal han convertido el Senado en una especie de cortijillo, bareto de uso particular o tribunal de la Inquisición contra el rojo.

El rodillo popular en la Cámara Alta ha llevado al esperpento de que todas las comisiones de investigación que se han promovido hasta la fecha han tenido como objetivo destruir al PSOE, ni una sola para lavar los trapos sucios del PP, y eso que tienen basura para rato. Caso Montoro, caso Mazón, caso Kitchen, caso novio de Ayuso… El PP lo ha enterrado todo, todo cerrado, todo atado y bien atado gracias a una Justicia no ya ciega, sino tuerta, ya que ve solo por un ojo, el izquierdo. Lo dijo ayer bien alto y claro la brava senadora Carla Antonelli, de Izquierda Confederal, durante el interrogatorio a la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González: “Esto es el reino de quien pueda hacer que haga, quien pueda intoxicar que intoxique y quien pueda hacer daño al Gobierno que lo haga. Y en esto han convertido al Senado”.  

¿Hay corrupción en el PSOE o todo es lawfare? Como todo en la vida, hay que analizar caso por caso. El fiscal general del Estado condenado sin pruebas; el hermano músico de Sánchez convertido en Al Capone por un asunto administrativo; Begoña Gómez a punto de comerse la perpetua por organizar un curso universitario. Hasta ahí la presunta guerra sucia judicial. Pero luego están las joyas de Zapatero, que no son presentables por mucho que estén prescritas; las chicas de Ábalos y Koldo (o sea, el falso feminismo); las andanzas de la llamada fontanera Leire Díez, que nada tiene que ver con las cloacas del Estado como la Kitchen o los GAL, pero duele oírlo. Cosas indignas del partido socialista.

Asistimos a la gran ceremonia de la confusión antes de la caída de la democracia y el advenimiento del nuevo fascismo posmoderno. Hay mucho ruido judicial y poca chicha, mucho titular amarillo y poca verdad periodística, mucha novela policial y poco atestado profesional y riguroso. La batidora de la posverdad está a pleno rendimiento. Y en ese gazpacho etílico cocinado en las redes sociales cabe todo: la verdad se mezcla con la mentira, la opinión con la información, el delito con la difamación y la calumnia. Ya nadie ve los matices, ni los claroscuros, ni las zonas grises. Todo es blanco o todo es negro. La polarización era esto: un ciudadano al que han vuelto loco y que ya no sabe en qué creer.

Feijóo recurre a cualquier estrategia por lo civil y por lo criminal y a cualquier técnica de filibusterismo que pueda allanarle el camino a la Moncloa. Por allí por donde pasa el gallego no crece la hierba democrática, como el caballo de Atila. El líder popular, escoltado por su lugarteniente, el sargento chusquero Tellado, se ha echado al monte junto a los bárbaros de Vox, y va a dejar el Estado de derecho devastado, tierra quemada, arrasada. Alberto ha atravesado todos los Rubicones habidos y por haber. No solo ha prostituido las instituciones, degradándolas a la categoría de taberna maloliente, ha mentido, ha difamado, ha montado bulos, ha destruido vidas ajenas, ha deshumanizado al adversario político, ha calumniado sin pruebas, ha insultado, ha desinformado, ha contratado fascistas como teloneros para sus mítines, ha aplaudido cínicamente al papa León XIV cuando este le tiraba de las orejas por haber tragado con la “prioridad nacional” de Vox (en realidad un apartheid a la española que discrimina a blancos y negros) y ha conspirado en la Embajada yanqui, con el cónsul de Trump, para consumar la encerrona del HSI y la CIA contra Zapatero.

Feijóo ha vendido su alma al Diablo a cambio de las llaves de Moncloa y ya hace lo que haga falta para quitar a Sánchez y ponerse él, incluso sentarse a pactar con Puigdemont. Su cambio de estrategia respecto a Junts resulta especialmente vomitiva y sonrojante. Los que hasta hace no mucho querían romper España son hoy más que aceptables socios de investidura; los que antes eran el mismo demonio indepe con rabo y cuernos hoy son fieles amigos de futura coalición; los que hasta hace un cuarto de hora eran delincuentes, golpistas y sediciosos sin derecho a indulto ni a ley de amnistía, hoy son interlocutores válidos para derrocar el sanchismo. Todas estas incoherencias surrealistas practicadas por Feijóo –un señor al que se le llena la boca de limpieza, decencia y regeneración pese a las más de 30 causas judiciales pendientes en su partido (cualquier hombre decente estaría callado y tapado)– son posibles gracias a Puigdemont, que está a lo que está: a que le dejen volver del exilio cuanto antes. ¿Qué le ha prometido Feijóo para que se haya echado al monte junto a lo peor y más rancio de la extrema derecha española? Tomar parte en la pinza letal para derrocar a Sánchez es un error mayúsculo que no entenderá buena parte de la militancia de Junts ni miles de votantes posconvergentes. ¿Está el honorable dispuesto a entregarle el poder a quienes pretenden ilegalizar los partidos independentistas en España, a quienes enviaron a los piolines a reventar cabezas de votantes, a quienes crearon la Policía Patriótica para hundir al soberanismo con espionajes, montajes y pruebas falsas? Todo es delirante.

Mientras Junts sopesa hacerse el harakiri ungiendo presidente a Feijóo, el PNV también coquetea con la moción de censura PP/Vox. “Usted está acabando con la fe de nuestro grupo”, le ha dicho Maribel Vaquero a Pedro Sánchez. “Presente los Presupuestos, pero si no logra acuerdos, disuelva la cámara y convoque elecciones”. La derecha vasca también se pone la soga al cuello.

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