La carta difundida por Alberto Núñez Feijóo sobre Venezuela no es solo una toma de posición exterior: es una operación política de consumo interno. El dirigente del PP convierte la crisis venezolana en un vector de confrontación doméstica, con un discurso que simplifica un tablero internacional inestable.
La misiva publicada por Alberto Núñez Feijóo bajo el título Hacia la plena libertad de Venezuela marca un punto de inflexión en su estrategia internacional. El texto asume como hecho consumado la detención de Nicolás Maduro y construye, a partir de ahí, un relato de victoria moral que interpela directamente al Gobierno español. El problema no es solo la contundencia del mensaje, sino el salto lógico que da por cerradas cuestiones que, a día de hoy, siguen envueltas en incertidumbre diplomática y falta de verificación independiente.
Un relato binario para un escenario complejo
Feijóo descarta explícitamente cualquier papel de Delcy Rodríguez en una eventual transición, a la que define como continuidad del régimen. La afirmación conecta con una lectura compartida en amplios sectores internacionales, pero el dirigente popular la inserta en un marco binario —ruptura o complicidad— que reduce la complejidad del proceso venezolano y de sus posibles salidas institucionales.
El énfasis en el carácter “histórico” de la captura de Maduro, presentada como una “buena noticia sin ambages”, refuerza ese enfoque. En el texto no hay espacio para matices jurídicos ni para el debate sobre el Derecho Internacional, salvo para reprochar su incumplimiento a quienes —según Feijóo— habrían tolerado al régimen. Es una formulación eficaz en términos retóricos, pero frágil en términos analíticos.
Política exterior como munición interna
El núcleo del mensaje no está tanto en Caracas como en Madrid. Feijóo acusa al Ejecutivo de haber perdido “liderazgo moral” y de haber facilitado “tiempo y excusas” al chavismo. La crítica enlaza con una línea ya conocida: presentar la acción exterior del Gobierno como débil y complaciente, especialmente en relación con América Latina. Sin embargo, el texto omite deliberadamente los condicionantes reales de la diplomacia española, anclada en consensos europeos y en equilibrios multilaterales que limitan las posiciones unilaterales.
La apelación a los presos políticos —incluida la mención a ciudadanos españoles— introduce un elemento legítimo de presión humanitaria, pero vuelve a situarse en clave de reproche interno, más que de propuesta operativa.
Liderazgos y legitimidades
El reconocimiento explícito de Edmundo González y María Corina Machado como referentes del futuro venezolano refuerza la apuesta del PP por una legitimidad electoral clara. No obstante, el texto elude cualquier reflexión sobre los mecanismos de transición, la reconstrucción institucional o el papel de los actores internacionales en un proceso que, previsiblemente, será largo y conflictivo.
En ese vacío analítico se cuela el riesgo de convertir la causa venezolana en un instrumento de desgaste político interno. La carta de Feijóo funciona como declaración de principios y como marcador ideológico, pero deja sin responder las preguntas centrales: cómo acompañar una salida democrática sin atajos y qué papel real puede y debe jugar España más allá del gesto retórico.
El resultado es un posicionamiento rotundo, coherente con la estrategia de oposición, pero limitado en su capacidad explicativa sobre un escenario internacional que no se presta a soluciones simples ni a lecturas cerradas.