Feijóo y el difícil arte de predicar con el pasado

La apelación a la ejemplaridad institucional choca con una herencia política marcada por algunos de los mayores casos de corrupción de la democracia española

12 de Junio de 2026
Actualizado a las 8:56h
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Feijóo y el difícil arte de predicar con el pasado
Feijóo en una imagen de archivo. PP y Vox presionan contra Sánchez

Alberto Núñez Feijóo ha decidido convertir el talento en una de las grandes banderas de su proyecto político. La idea resulta atractiva. Pocas cosas generan más consenso que defender la formación, el mérito, la capacidad y la excelencia. Nadie discute que una sociedad progresa mejor cuando aprovecha el potencial de quienes la integran y cuando ofrece oportunidades reales para desarrollarlo.

La dificultad aparece cuando el discurso abandona el terreno de las declaraciones y entra en el de la memoria.

Durante un foro dedicado precisamente al talento, Feijóo identificó tres grandes enemigos. La inacción, el falso igualitarismo y la corrupción. Sobre este último aspecto fue especialmente contundente. Llegó a definirla como un enemigo letal capaz de dañar la credibilidad institucional, la seguridad jurídica, la inversión y la confianza ciudadana.

Escucharlo producía una sensación curiosa. Era algo parecido a asistir a una conferencia sobre vegetarianismo impartida por un carnicero entusiasta.

Porque si existe una formación política que ha contribuido a deteriorar la confianza pública en las instituciones durante las últimas décadas, esa ha sido precisamente el Partido Popular. Gürtel, Kitchen, Púnica, Lezo, los papeles de Bárcenas, la financiación irregular acreditada judicialmente, la caja B, las condenas a dirigentes de primer nivel y una larguísima lista de procedimientos judiciales forman parte de una realidad documentada por los tribunales, no por los adversarios políticos.

Feijóo parece convencido de que los españoles padecen una amnesia colectiva particularmente intensa y, quizá por eso habla de corrupción como si se tratara de una plaga exótica llegada recientemente a la política nacional y no de una enfermedad que durante años encontró en el PP uno de sus principales focos de expansión.

La ironía alcanza una dimensión especialmente llamativa cuando promete recuperar el talento para la gestión pública y garantizar que los cargos se otorgarán por capacidad y experiencia. La afirmación tiene mérito.

Sobre todo si se recuerda que buena parte de las estructuras clientelares que acabaron investigadas judicialmente se construyeron precisamente bajo gobiernos del Partido Popular. Aquellas redes no se caracterizaban precisamente por seleccionar a los mejores. Más bien premiaban la cercanía política, la lealtad interna y determinadas relaciones de confianza que poco tenían que ver con la excelencia profesional.

Hay además un detalle en el discurso del líder popular. Feijóo asegura querer una España sin enfrentamientos estériles, sin sumarios, sin UCO, sin UDEF y sin fiscales. La frase pretendía probablemente transmitir una imagen de normalidad institucional. Sin embargo, el resultado fue bastante distinto.

Llama la atención que un dirigente político incluya en la misma enumeración los enfrentamientos políticos y los organismos encargados de perseguir delitos. Como si la presencia de la UCO o de la UDEF fuera una anomalía y no una garantía democrática.

En realidad, el talento necesita muchas cosas para florecer. Necesita educación, estabilidad, oportunidades y movilidad social. Necesita universidades fuertes, servicios públicos eficaces y políticas que permitan a los jóvenes desarrollar proyectos de vida dignos. Pero también necesita algo más sencillo, necesita coherencia.

Y ahí es donde el discurso de Feijóo encuentra sus mayores dificultades. Porque combatir la corrupción exige credibilidad. Y la credibilidad no se construye únicamente señalando los errores ajenos. También requiere asumir con honestidad el propio pasado.

El Partido Popular sigue sin haber realizado una reflexión verdaderamente profunda sobre la etapa más oscura de su historia reciente. Ha cambiado líderes, ha renovado equipos y ha actualizado mensajes. Lo que continúa pendiente es una explicación convincente de cómo una organización política llegó a convertirse en protagonista recurrente de algunos de los mayores escándalos de corrupción de la democracia española.

Quizá por eso cada vez que Feijóo se presenta como gran referente moral contra la corrupción aparece inevitablemente una sonrisa escéptica. No porque la corrupción no sea un problema gravísimo. Precisamente porque lo es.

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