Si alguien cree que Bruselas es una ciudad, se equivoca. Es un terrario climatizado a 21 grados constantes, forrado de moqueta azul-gris y alimentado por dietas exentas de impuestos. En este ecosistema artificial, protegido de la lluvia radiactiva de la realidad geopolítica, conviven especies fascinantes que el ciudadano medio solo intuye a veces a través de lo que ve en los telediarios.
Para entender por qué la nevera ahorra luz o por qué un juez del Supremo español se despierta sudando por las noches, hay que conocer a las bestias que habitan el "Barrio Europeo". Hay que ponerse el “salacot” de explorador, no tocar el cristal y observar, que empieza el safari.
El Elefante del Cementerio (Politicus Caducus)
Es la especie más visible y voluminosa. Se trata de grandes mamíferos que dominaron la manada en sus países de origen (ministros, ex-presidentes autonómicos o líderes de partidos quemados) y que, al volverse viejos o molestos, fueron enviados al Parlamento Europeo.
• Comportamiento: Se mueven lentamente por los pasillos de Estrasburgo buscando una cámara. Su función principal es fingir que siguen mandando, aunque en realidad han sido "aparcados" en este cementerio de elefantes dorado para que no estorben en Madrid, Berlín o París.
• Peligrosidad: Baja. Hacen ruido y trompetean discursos patrióticos pero la estructura real no depende de ellos. Sin embargo, hay algunos poquísimos elefantes que llegan a la categoría de sagrados. Éstos, llámense ahora Draghi o Merkel, son respetados como los reyes del cotarro y admirados por su memoria y visión de futuro. Los ocho elefantes sagrados fundadores del proyecto europeo fueron Konrad Adenauer, Jean Monnet, Winston Churchill, Robert Schuman, Alcide de Gasperi, Paul-Henri Spaak, Walter Hallstein y Altiero Spinelli.
Todos, toda la fauna aquí descrita, dependen de los animalitos que vienen a continuación.
El Castor Regulador (Burocratis Obsesivus)
Son los verdaderos ingenieros del ecosistema (La Comisión). Mientras el elefante dormita, el castor no para. Su obsesión vital es construir presas hechas de papel, conocidas como Directivas y Reglamentos.
• Hábitat: Viven enterrados en papeles sobre ecodiseño de lavadoras y privacidad de datos.
• Utilidad: Aunque parecen aburridos, son los que consiguen que su cargador del móvil sea universal, que no le pongan cloro y pesticidas al pollo que come y que usted tenga 14 días para devolver esas zapatillas horribles que compró por internet.
• Obsesión: Tienen una capacidad sobrenatural para medir el tamaño de las manzanas o regular la potencia de los aspiradores. Son la prueba de que la UE es "mecánica fina": no tienen carisma, pero sus dientes no dejan de roer hasta que todo está estandarizado.
El Cuco Nacional (Excusator Patrius)
Este pájaro no vive permanentemente en Bruselas, pero vuela allí para las cumbres del Consejo. Es un ave parásita magistral.
• Estrategia de supervivencia: Pone sus huevos en el nido ajeno. Cuando una medida es popular (fondos europeos, bajada del roaming), el Cuco dice: "Lo he conseguido yo". Cuando la medida es impopular (recortes, normas ambientales estrictas), dice: "Me obliga Bruselas". Se desplaza en coche oficial y clase bussines; los más grandes, en “falcon” oficial.
• Relación con otras especies: Se dedican a fabricar "escobas mágicas que no vuelan" en sus países de origen (leyes defectuosas) y luego culpan a la UE cuando el Castor les da un toque de atención. Son expertos en firmar cosas en Bruselas un martes y negarlas en su parlamento nacional el jueves.
El Pájaro Carpintero de Luxemburgo (Iudex Supremus)
Habita en una colina aparte (el TJUE) y es el depredador natural de la soberanía mal entendida.
• Método de caza: Su picoteo es lento pero letal. Empieza con una "cuestión prejudicial" y acaba taladrando la corteza de los viejos robles nacionales (como el Tribunal Supremo español) hasta que se caen.
• Dieta: Se alimenta de la "imparcialidad objetiva" y de jueces nacionales que se creen los reyes del mambo. Si usted es un interino, un afectado de clases pasivas, un profesional que no le dejan desarrollar su profesión o un whistleblower, éste es su animal espiritual. Es el único bicho de la selva capaz de paralizar a los demás con una sentencia. Su problema es que es de movimientos y digestión muy lentos.
El Camaleón de Vestíbulo (Lobbystas Multicolore)
Se mimetizan con el entorno. Un día son verdes (energía renovable), al día siguiente son de color acero (industria de defensa) y al otro digitales.
• Función: Susurran al oído de los Castores y los Elefantes. Son los que intentan que, cuando compramos armas para defendernos, acabemos pidiendo permiso a Estados Unidos para usarlas (normas ITAR), aunque el leasing sea más caro que hacerlas aquí; o también que Marruecos o Israel siempre consigan siempre tan buenas condiciones en sus negociaciones.
• Hábitat: Las oficinas de la Plaza Schuman, la Rue de La Loi y también los bares alrededor de la Plaza de Luxemburgo. Los encuentras también en los pasillos donde se reparte el dinero de los fondos. Son vitales para el ecosistema, porque sin ellos, los Castores no sabrían qué escribir en las Directivas y Reglamentos.
El Vendedor de Escobas (Legislatorus Trilero)
Esta especie no vive en Bruselas, sino en las capitales nacionales (Madrid, Roma, Atenas), pero su supervivencia depende de fingir que obedece al Macho Alfa de la manada (la UE). Y es que la “pasta” viene de Bruselas. Se acredita por el uso intensivo del coche oficial de que es una subespecie nacional del Cuco, pero adaptada al terreno.
• Comportamiento: Cuando Bruselas le ordena arreglar un problema (como el abuso de los interinos, clases pasivas o la corrupción), este animal corre a su madriguera y fabrica una escoba digna de Hogwarts. Con dos toques de su varita mágica, le pone una etiqueta preciosa que dice "Ley Anticorrupción" o "Ley de Estabilización", pero es una estafa: la escoba, ni vuela, ni tan solo sirve para barrer.
• Habilidad especial: La "transposición mágica". Aprueba leyes para decir "ya he cumplido con Europa", sabiendo perfectamente que la ley no sirve para nada más que para que el ciudadano la use de bastón mientras espera sentado. Su lema es el del Gatopardo: “moverlo todo para que nada cambie”.
• Enemigos: Tienen pánico a los soplones (Whistleblowers), a los interinos y a todo aquel que se tome en serio las leyes europeas. Por eso, intentan domesticarlos o silenciarlos, negándose a crear canales de denuncia externos independientes y otros elementos de control democráticos, no vaya a ser que se descubra el truco de la escoba, que en el fondo es que el bacalao ya no se parte ni reparte en los gobiernos y parlamentos nacionales.
El Perezoso de Comité (Consultor Decorativus)
Si el Castor Regulador trabaja demasiado, el Perezoso es su contrapunto zen. Habita en instituciones con nombres rimbombantes (Comité de las Regiones, Comité Económico y Social, y agencias descentralizadas de dudosa utilidad) que tienen mucho "brillo" pero tienen para todos la misma importancia que las banderitas de las verbenas, son simples papelitos pintados de colores.
• Hábitat: Edificios modernos con climatización estupenda donde se redactan "dictámenes no vinculantes". Es decir, opiniones que nadie lee y que van directas a la papelera de reciclaje de la Comisión o del Consejo.
• Dieta: Se alimenta de dietas de asistencia y presupuestos remanentes. Su función vital es mantener la ilusión de que "la sociedad civil" participa, cuando en realidad medran en un parking de lujo.
• Paradoja: A diferencia de los Elefantes (que tuvieron poder y lo perdieron), los Perezosos nunca lo tuvieron. Son la prueba viviente de que en la UE se puede tener un cargo con tarjeta de visita, despacho y secretaria, sin tener la más mínima capacidad de influir en si mañana sube el precio del pan o si entramos en guerra. Son, los Perezosos de Comité, el "atrezzo" caro de la película europea.
El Tejón Togado (Iudex Resistente)
Una variante local muy agresiva; también autollamado patriotas o constitucionalista. Vive cerca o en los Tribunales Supremos nacionales y se caracteriza por una "deslealtad" crónica hacia la manada europea.
• Táctica de defensa: Usa la Constitución de su país como alfombra para barrer debajo todo lo que le molesta de Europa, ya que se considera el oráculo estatal oficial. Cuando el Tribunal de Justicia de la UE le dice "Oiga, eso no se hace", el Tejón Togado responde con el "acto claro": se tapa los oídos, grita "¡Yo lo veo clarísimo!" y se niega a preguntar a quien sabe y debe.
• Peligrosidad: Alta. Si te cruzas con uno siendo un ciudadano con derechos europeos, es capaz de decirte que tu derecho ha caducado o que te indemnice el maestro armero, con tal de no dar su brazo a torcer.
El Gallo de Taifa (Gallus Autonomicus Prepotens)
Es una especie endémica de los parlamentos regionales, muy vistosa y territorial. Se caracteriza por pasearse por su hemiciclo con el pecho hinchado, convencido de ser el "puto amo" del corral, sufriendo una curiosa patología visual: cree que su Estatuto de Autonomía es más grande que todos los Tratados de la Unión.
• Comportamiento: Padece de "caciquismo legislativo". Desde su escaño, cacarea leyes que regulan desde la caza del conejo, a de qué han de formarse los monitores deportivos, llegando a los requisitos lingüísticos para vender tornillos en web, ignorando que existe un Mercado Único por encima de su cresta. Su filosofía es: "En mi corral mando yo, y Bruselas no sabe dónde está mi pueblo".
• Modus Operandi: Es un gran consumidor de las "escobas de Hogwarts" que fabrican sus primos nacionales. Le encanta aprobar normas que chocan frontalmente contra el derecho europeo solo para marcar territorio ante sus votantes. Cuando el Tribunal de Justicia de la UE (el Pájaro Carpintero) le tumba la ley por ilegal, el Gallo no agacha la cabeza: se eriza, aletea furiosamente gritando "¡Centralismo!" o "¡Injerencia!", y se presenta como víctima de una conspiración internacional que no entiende su "hecho diferencial".
• Peligrosidad: Alta para la cartera común. Como la UE no multa a las regiones, sino al Reino de España, este gallo invita a la fiesta legislativa ilegal, pero la cuenta la pagamos después todos a escote. Es experto en generar ruido y multas, mientras picotea los cimientos de la primacía del derecho europeo sin perder ni una pluma de arrogancia.
El Canario de la Mina (Canarius Alertator)
Es la criatura más pequeña y vulnerable de la selva, pero es la única capaz de detectar gases tóxicos (corrupción, malversación o explotación) antes de que explote todo. Anteriormente conocido con nombres despectivos como "chivato", "soplón", “desagradecido”, “desleal interino”, “afrancesado” o "traidor", hoy la Unión lo ha reclasificado como especie protegida bajo el nombre técnico de Whistleblower.
• Comportamiento: Su instinto suicida le lleva a cantar cuando ve que un Elefante mete la mano en la caja o un Vendedor de Escobas hace trampas con los contratos públicos. Históricamente, su destino natural en España era acabar en la cazuela: despedido, acosado y arruinado por levantar el dedo.
• Enemigos: Es la presa favorita de toda la fauna local. Los Tejones Togados, los periodistas de conveniencia y las administraciones intentan cortarle la lengua (o negar su estatus, sea de denunciante o laboral) para que el mundo no escuche lo que tiene que decir, aplicando así la vieja táctica de Tyrion Lannister: si le cortas la lengua a un hombre, no demuestras que mienta, sino que tienes miedo de lo que dice; es mejor matarlo.
• Supervivencia: Dado que el ecosistema local es hostil, Bruselas le ha regalado un ligero chaleco antibalas (la Directiva 2019/1937 y la jurisprudencia del caso Halet). Ahora, aunque las leyes nacionales intenten dejarlo vendido, el Canario, si puede y le dejan, vuela directamente a Luxemburgo o usa canales externos, saltándose a los depredadores nacionales que antes gestionaban (y enterraban) sus requerimientos y denuncias.
No tocar a los animales
A pesar de lo grotesco de esta fauna, Europa funciona como ecosistema. Es una estructura de "hojalata", sí, y unas veces huele a podrido y otras veces huele a cerrado. Pero recuerde: fuera de esta reserva natural, en la intemperie geopolítica, hay osos rusos, águilas calvas americanas y dragones chinos que no tienen piedad, ni tampoco normas de protección al consumidor, ni tampoco Tribunal de Justicia que defienda globalmente a sus ciudadanos.
Así que, la próxima vez que vea a un elefante soltar una tontería o a un castor regular el tapón de su botella de agua, no se burle demasiado. Son molestos, pero son nuestros bichos. Y, al final del día, son los únicos que impiden que la ley de la selva real entre en su casa.