Bruce Springsteen, el buen jefe de América

El veterano cantante graba su última canción, un mensaje de resistencia ante las atrocidades de Trump y sus matones en las calles de Minneapolis

29 de Enero de 2026
Actualizado a las 14:55h
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Bruce Springsteen en una imagen de archivo
Bruce Springsteen en una imagen de archivo

Bruce Springsteen, The Boss, ha alzado su voz contra la tiranía criminal de Donald Trump. En las últimas horas se ha dado a conocer su última canción, Streets of Minneapolis, un poema protesta contra las violentas redadas desplegadas por los agentes del ICE, los escuadristas o camisas pardas del nuevo fascismo posmoderno que campan a sus anchas, como batidas de negreros del Ku Klux Klan, por todo el estado de Minnesota.

Cada día que pasa crece la nómina de intelectuales, escritores y artistas que se rebelan contra el autoritarismo del magnate neoyorquino: Noam Chomsky, Taylor Swift, Robert De Niro, Stephen King, Margaret Atwood, Don DeLillo, Meryl Streep, George Clooney, la lista es interminable. La ceremonia de los Oscar de este año promete ser de lo más calentita. El pueblo norteamericano empieza a tomar conciencia del momento crítico que vive un país donde los derechos humanos son pisoteados, el imperio de la ley cancelado y la democracia liquidada. Y entre esa legión de rebeldes y disidentes desde la conciencia humanista, el Boss ha hecho honor a su nombre de guerra y se ha colocado al frente de los ejércitos de la libertad.

El apelativo de El Jefe no le viene por nada que tenga que ver con el autoritarismo o la jerarquía, por mucho que el cantante siempre haya cultivado esa imagen de tipo duro por encima del bien y del mal. Cuenta la leyenda que allá por los setenta, cuando Bruce tocaba con su banda en bares de mala muerte y el éxito y la fama eran todavía un sueño lejano, él se encargaba de repartir el dinero entre sus músicos después de cada actuación nocturna. Pagaba su parte a cada cual, en efectivo y a tocateja. Todos comían de esa cazuela como una familia bien avenida, nunca hubo un mal problema con el salario. Las cuentas cuadraban hasta el último centavo. Y esa fama de hombre honesto, de buen pagador, de cumplidor, le granjeó a Springsteen el apodo de The Boss. Un ejemplo gratificante de alguien que termina imponiendo su autoridad moral por encima del engaño, la codicia y la rapiña que alumbran la Trumpilandia de hoy.

Cuentan que, en un principio, al bueno de Bruce no le gustaba el alias que le había caído en suerte (todos tenemos un apodo que nos cuelgan los demás, aunque seamos los últimos en enterarnos). No se consideraba jefe de nadie, le molestaba la comparación con una especie de empresario sin más que venía a oscurecer la imagen que él tenía de sí mismo: la de un músico que se ganaba la vida con su arte. El genio siempre desprecia el dinero. Sin embargo, con el tiempo fue acostumbrándose a un alias que terminó convirtiéndose en todo un símbolo, el del trabajador que se gana el pan honradamente, el del buen patrón que se maneja con justicia y fraternidad con sus empleados, el de defensor de los derechos laborales en un país donde el abuso y la injusticia social siempre ha sido mucho más crudamente real que los cuentos fantásticos sobre el falso “sueño americano”. Nos consta que Trump, el mago de las estafas, pelotazos y fraudes, siente por él una profunda envidia que ni cien premios Nobel podrá aplacar.

BS es el último poeta urbano que habla de los perdedores, esos a los que se dirige el gurú de la secta MAGA, despectivamente, cuando se refiere a las clases sociales más vulnerables. Por sus discos pasan los despedidos de los cinturones industriales, los arruinados por las deudas y facturas, los veteranos de Vietnam abandonados por su Gobierno, los indigentes callejeros, los jóvenes sin futuro, las mujeres oprimidas por el machismo institucional, los enfermos desahuciados. Born in the U.S.A., Devils & Dust, The Wall, The River, Factory, Youngstown, manifiestos de denuncia social y cantos de libertad y esperanza en un mundo mejor.

Nada puede con el rocoso Bruce, un tipo de ideales a prueba de armas de destrucción masiva, tal como demostró cuando cantó contra las mentiras de la guerra de Irak. Contra la dictadura fascista, más Springsteen. Springsteen como el Marx del rock. Springsteen como el faro de los parias de Minnesota. Springsteen como la voz ásperamente dulce y balsámica contra las atrocidades y disparates del nuevo rey emperador que quiere arrinconar a los pobres y a los demócratas en el nuevo gueto de Varsovia de Minneapolis. Springsteen como melodía reconfortante, como himno vital para una legión de demócratas que se resisten a ser silenciados con amenazas y coacciones, o sea los Jimmy Kimmel, Quequé, Sarah Santaolalla y tantos otros, ánimo compañeros, estamos con vosotros.

Una simple guitarra eléctrica ganó más batallas que cien cañones, eso lo sabemos por John Lennon, otro revolucionario que cambió el mundo para bien y para siempre. Hoy, cuando un jefe siniestro y perverso ha usurpado USA para terminar a golpe de arancelazo con la democracia de la primera potencia global, emerge con fuerza la figura de otro boss mucho más decente y digno. “En memoria de Alex Pretti y Renee Good”, encabeza la presentación de su último tema llamado a ser un exitazo total en todo el mundo. Al fascismo y su enloquecida distopía temporal se le combate con valores humanos, con cultura, con valor, compromiso y un riff de blues que haga estremecerse a millones de personas. Con la verdad de la música. Frente al terrorismo de Estado, frente a los monstruos neonazis que secuestran niños de cinco años como Liam Conejo Ramos, frente a la mala gente que va apestando la Tierra como ese abogado de extrema derecha que se muestra dispuesto “a coger las armas para luchar contra esta puta democracia española”, el mejor antídoto contra el mal es la última canción de resistencia del gran Bruce. “En nuestro hogar, mataron y vagaron en el invierno del 26. Defenderemos esta tierra y al extranjero que se encuentra entre nosotros. Recordaremos los nombres de aquellos que murieron en las calles de Minneapolis”. Amén, señor Boss.  

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