Aragón: un debate, dos relatos y una sanidad en medio

Azcón convierte los datos en épica y Alegría devuelve la discusión al terreno de los servicios públicos

27 de Enero de 2026
Actualizado a las 14:39h
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Aragón: un debate, dos relatos y una sanidad en medio

El primer cara a cara entre Jorge Azcón y Pilar Alegría no fue un debate electoral al uso, sino un choque de marcos. El presidente de Aragón acudió con la carpeta de los números y una convicción: que la economía lo explica todo. La candidata socialista llegó con otra idea: que los números, sin política pública detrás, sirven sobre todo para esconder lo que no funciona. En medio, la sanidad, la financiación y una pregunta que sobrevoló todo el plató sin pronunciarse: ¿para quién crece Aragón?

Azcón empezó fuerte, como quien entra en una sala convencido de que ya la ha ganado. Habló de inversiones, de crecimiento, de récords y de un Aragón “imparable”. La palabra se repitió varias veces, quizá por si alguien dudaba. El presidente convirtió los millones en argumento moral: si entran empresas, todo va bien; si todo va bien, no hay debate posible. Es una forma de hacer política que evita el conflicto sustituyéndolo por estadísticas.

Alegría, sin embargo, no aceptó el marco. Recordó que buena parte de los proyectos que hoy se exhiben como éxitos vienen de gobiernos anteriores y que los fondos europeos que ahora se celebran fueron cuestionados por el PP cuando llegaron. No era nostalgia, sino método: señalar que el crecimiento no aparece por generación espontánea, sino por decisiones acumuladas.

La sanidad interrumpe el discurso

El debate cambió de temperatura al llegar a la sanidad. Ahí, los gráficos dejan de servir. Alegría sacó citas médicas, tiempos de espera, ejemplos concretos. No habló de colapso en abstracto, sino de pacientes que esperan semanas para una consulta y meses para una prueba. La política, de pronto, dejó de ser una carrera de cifras y volvió a ser una cuestión de tiempos, pasillos y salas de espera.

Azcón respondió con la negación: no hay recortes, no hay privatización, no hay problema. Añadió médicos, presupuestos, plazas. La sanidad, para el presidente, es una hoja de Excel que cuadra. Para la candidata, una experiencia cotidiana que no cuadra en absoluto. Dos lenguajes distintos, dos públicos distintos.

Alegría lanzó una de las frases más incómodas de la noche: “Para declarar universitario un hospital privado han ido muy deprisa”. No hizo falta añadir más. En política sanitaria, la velocidad suele indicar prioridades.

La financiación como coartada

El sistema de financiación autonómica apareció como comodín y como amenaza. Azcón lo utilizó para explicar cualquier dificultad presente o futura: si algo falla, será culpa de Madrid. Si algo no llega, será por Cataluña. La financiación dejó de ser un debate técnico para convertirse en un relato de agravio permanente, muy útil para no hablar de gestión.

Alegría defendió que el nuevo modelo aportará más recursos y que con ellos se podrían contratar miles de profesionales sanitarios. El presidente respondió con informes, cifras alternativas y una idea insistente: que ella no está aquí para Aragón, sino para Sánchez. El argumento es viejo, pero sigue funcionando porque simplifica. Y la simplificación, en campaña, siempre gana segundos de pantalla.

Lambán, el pasado que no se va

La figura de Javier Lambán apareció como fantasma inevitable. Para Azcón, símbolo de todo lo que salió mal; para Alegría, prueba de que los proyectos estratégicos —Plaza, Platea, Figueruelas— nacieron bajo gobiernos socialistas. El expresidente funcionó como archivo vivo de una disputa que no se ha cerrado y que sigue marcando el tono de la política aragonesa: cooperar o confrontar.

Dos maneras de entender el poder

El debate terminó sin sorpresas, pero con una conclusión clara. Azcón defiende un modelo donde el crecimiento justifica las decisiones. Alegría propone uno donde los servicios públicos justifican el crecimiento. No es solo una diferencia ideológica; es una diferencia de método.

Uno mira a los inversores para explicar el presente. La otra mira a los usuarios para medirlo. Y en esa distancia se juega algo más que unas elecciones: se juega si Aragón será una comunidad que presume de cifras o una que funciona cuando nadie mira.

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