Las amenazas de Trump rearman a la izquierda española

La posible movilización de miles de personas contra las masacres en Oriente Medio dan oxígeno al bloque progresista de cara a las elecciones que se avecinan

04 de Marzo de 2026
Actualizado a las 20:01h
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Una de las últimas performances de Trump en la Casa Blanca
Una de las últimas performances de Trump en la Casa Blanca

Donald Trump no ha calibrado ni ha medido las consecuencias de declararle el embargo comercial a España. Como no ha leído libros de historia ni tiene buenos asesores (quienes le rodean no son más que una manada de palmeros y pelotas que le ríen las gracias), no se ha enterado de que nuestro país forma parte de un club, la Unión Europea, que ha demostrado firmeza y resistencia ante otras situaciones de crisis. Cuando Trump dice que piensa enviar a la Sexta Flota a bloquear la Península Ibérica, como si se tratara de la Cuba europea, no tiene en cuenta que eso sería tanto como declararle la guerra comercial a toda Europa. Y si va por ese camino, los grandes magnates de Wall Street no tardarán mucho en plantarse contra el magnate neoyorquino. Hay demasiados dólares en juego.

De momento, Macron ya ha movido ficha al salir en defensa de España frente a la amenaza del imperialismo trumpista sin complejos (esta misma tarde mantendrá una conversión con Pedro Sánchez para fijar una estrategia común). Y cada vez son más los políticos y personajes influyentes (incluso en Estados Unidos) que se posicionan contra los delirios megalómanos y narcisistas del autócrata de MAGA. La realidad viene a darle un duro revés al archimillonario de Mar-a-Lago. Las grandes tecnológicas estadounidenses dominan el mercado europeo en servicios digitales, robótica, computación en la nube, redes sociales y comercio electrónico (Google es el principal buscador de Internet en el viejo continente y Apple invierte cientos de miles de millones al año en nuestro país); bancos, aseguradoras y fondos de inversión estadounidenses mantienen una presencia permanente en centros financieros europeos como Madrid, París, Londres, Frankfurt y Luxemburgo (paraíso fiscal para grandes fortunas yanquis); la UE es el mercado prioritario de la industria farmacéutica y biotecnológica por su alto nivel de gasto sanitario y su regulación garantista; y Nike no entiende su producción y su facturación sin Europa (a más de un directivo de la multinacional le habrá dado un síncope solo de escuchar a Trump y pensar que puede quedarse sin vestir a las grandes estrellas del deporte europeo la próxima temporada). Todos los sectores estratégicos a uno y otro lado del Atlántico, desde la industria de armamento hasta la automovilística, desde la moda a la alimentación, viven de una estrecha simbiosis beneficiosa para todos. Trump se ha pegado un tiro en el pie y si piensa que Bruselas se quedará de brazos cruzados ante el intento de destruirla es que está más gagá de lo que parece.

Pero más allá de la economía, que se impone como un baño de realidad ante el enfurecido y rabioso Trump, está la política, la intelectualidad y el mundo del arte. En la reciente gala de los premios Goya, la actriz Susan Sarandon aseguró, entre lágrimas, que España está “en el lado correcto de la historia” y alabó la “lucidez moral” de nuestro pueblo al denunciar la situación en Gaza. Otros artistas e intelectuales como Morgan Freeman, Meryl Streep, Robert De Niro, Stephen King, Bruce Springsteen y Noam Chomsky ya han mostrado su más absoluta repulsa por las bravuconadas racistas de un presidente que tiene avergonzado a medio país. Esa batalla, decisiva por el poder de influencia del cine y la literatura en las sociedades modernas, la tiene también ganada Pedro Sánchez. Todo ello mientras los índices de popularidad del golpista pederasta yanqui se desploman por días.

Pero lo más importante de todo es que la injusta amenaza de una superpotencia como USA sobre un país pequeño, pacífico y aliado de Occidente como España está movilizando a la maltrecha izquierda española. El “No a la guerra”, ese grito que nació en nuestro país con la sangrienta y destructiva invasión de Irak, y que se extendió por todo el mundo, empieza a convertirse en un tsunami imparable. El chantaje trumpista le ha venido como maná caído del cielo a Gabriel Rufián, que empezaba a tener problemas para articular su Frente Amplio de cara a las elecciones de 2027, a las que acudirá con el objetivo de arrebatarle “escaños, provincia a provincia”, a la extrema derecha de Vox. En las últimas horas, y movilizados por la amenaza del fatuo presidente estadounidense, se han subido a la causa progresista más simpatizantes, militantes y activistas que en la última década. El bueno del republicano catalán le debe mucho a la torpeza del matón neoyorquino.

El fantasma de la guerra, con sus desastres y devastación, ha venido a despertar a miles de izquierdistas que languidecían entre desafectos y cabreados por las políticas algo timoratas del Gobierno de coalición. Sin duda, Trump es una fábrica con patas de producir activistas de la paz, socialistas reforzados en sus convicciones y comunistas resucitados. Al gurú de la secta MAGA habría que cantarle aquello de “Donald quédate”, por utilizar el símil futbolístico cuando una afición quiere cachondearse del entrenador del eterno rival en horas bajas.

La izquierda española, tradicionalmente sensible a la política exterior estadounidense, ha encontrado en las palabras de Trump un motivo para reorganizarse, recuperar la confianza y la fuerza perdidas y volver a rearmarse. Sumar, Podemos, Esquerra y hasta el PSOE sanchista empiezan a hacer caja electoral con la gran movilización ciudadana que se prepara. Feijóo debería estar preocupado, pero el gallego hace tiempo que no entiende nada de lo que pasa en este país y en este mundo. Ya dio síntomas alarmantes de ceguera política con el genocidio en Gaza (una masacre que todavía no ha condenado) y ha vuelto a demostrar su miopía ayer mismo, cuando soltó la memez de que “por encima del Derecho internacional están los derechos humanos”. ¿Qué es una cosa sin la otra, Alberto? Esa lección se la saltó en la Facultad de Derecho de Santiago de Compostela. Feijóo es un disco rayado que se ha quedado dando vueltas en el “Sánchez malo, Sánchez caca” mientras la sociedad española se va transformando y madurando en valores políticos y éticos sin que él sepa comprender por qué. Ha tenido que estallar la Tercera Guerra Mundial para que la izquierda recupere algo de aliento y el PP vuelva a estancarse en las encuestas. No hay mal que por bien no venga.

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