Los famosos trenes de Winton
Para cumplir sus planes, Winton utilizó sobre todos los trenes que salían de Praga hacia Europa y, en alguna ocasión, también el avión. En total, según recordaba el escritor Luis Algorri, "Nicholas Winton salvó así la vida de 669 críos checos, todos judíos. Lo hizo con la ayuda de un teléfono, de los cuáqueros, de los rotarios, de los masones, de los Lions de Dios y su madre, y con una voluntad indoblegable".Cuando tuvo que marchar desde Praga a Londres, ya que su trabajo le impedía seguir por más tiempo en la capital checa, en el Reino Unido Winton fundó el Comité Británico para los Refugiados de Checoslovaquia, sección niños, formado por su madre, una secretaria, varios voluntarios y el mismo. Tuvo una voluntad de hierro para salvar a esos centenares de niños en una Europa que prefirió mirar para el otro lado cuando los nazis habían comenzado la persecución de millones de judíos. Y cuando ya habían ocupado Checoslovaquia, entregada ignominiosamente a los alemanes por Francia y el Reino Unido tras la firma del Pacto de Munich, en 1938.Una vez que ya la guerra se avecinaba, Winton organizó el último convoy de la vida hacia Londres. Era el octavo tren que preparaba. Tenía que salir de Praga el fatídico uno de septiembre de 1939 y en esos vagones iban a viajar otros 250 niños, pero ese mismo día Alemania invadió Polonia y cerró las fronteras por años. El transporte, literalmente, desapareció. Nunca se volvió a saber nada de esos 250 jóvenes, incorporándose a la larga lista de los 15.000 niños que perecieron asesinados en la antigua Checoslovaquia durante la Segunda Guerra Mundial. Se calcula que de los 357.000 judíos que había en ese país antes del ocupación nazi solo sobrevivieron 17.000 del exterminio; más del 90% de la población judía fue asesinada.Pero Winton, el hombre que había salvado a centenares de niños cuando otros no hacían nada habiendo podido hacerlo, nunca quiso nada para sí mismo. Ni honores, ni premios, ni medallas, simplemente la satisfacción de haber hecho el bien en esos tiempos terribles y turbulentos cuando la vida se iba a través de las tristemente famosas chimeneas de Auschwitz."En 1988 la esposa de Mr. Winton encontró un viejo cuaderno lleno de nombres, fotos, fechas y direcciones. Lo comprendió todo. Un día, la BBC convenció al anciano Nicholas para que acudiera, como figurante del público, a una programa tonto. La presentadora dijo:"Vera Gefen, ¿sabes que está sentada al lado de Nicholas Winton?". El viejo se quedó helado cuando aquella señora de unos sesenta años le abrazó y le besó: "Usted me salvó la vida, le dijo". El bueno de Nicholas comenzó a limpiarse las lágrimas con los dedos por detrás de las gafas. Dos minutos después se pusieron en pie, a su alrededor, decenas y decenas de personas más: a todas les había salvado la vida aquel viejito tembloroso que no hacía más que llorar y sonreír rodeado de sus niños", escribiría Algorri en un texto muy bello publicado recientemente.
Después de ser conocido su caso a través de la televisión y de varios tabloides británicos, Winton recibió el merecido homenaje de su sociedad y comenzaron a llegar los premios, las medallas y el reconocimiento internacional por unos hechos que le elevan a la categoría de héroe de nuestro tiempo. Cuando abunda tanta mediocridad, insensibilidad ante el dolor de los demás y, sobre todo, tanta superficialidad ante la vida, el ejemplo de Winton nos llena de emoción. Por cierto, si viajan a Praga no dejen de visitar la vieja estación de trenes y contemplar en una de sus salas una estatua de bronce que representa a un hombre de gafas, vestido impecablemente, con un niño a su lado, con cara de dolor y resignación, y con una vieja maleta. Es el homenaje póstumo de Praga a Winton, ese hombre bueno que no se resignó a quedarse con los brazos cruzados cuando el terror y la muerte se apoderaron de las calles de Europa.Añadir DiarioSabemos como fuente preferida de Google de forma gratuita
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