Los sobrecostes de obra pública en España dejan un agujero de 48.000 millones de euros
08
de Julio
de
2019
Actualizado
el
02
de julio
de
2024
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Un país no solo se empobrece por culpa de la corrupción que esquilma la riqueza de todo un pueblo. También por la deficiente gestión de sus gobernantes que genera despilfarro y gasto excesivo. En este capítulo entrarían los sobrecostes por obras adjudicadas tras complejos procedimientos de concurso y licitación. España figura entre los países europeos donde más dinero se tira a la basura en unas obras públicas que desde que se adjudican hasta que se concluyen ven notablemente inflado el precio de salida.La Comisión Nacional de los Mercados y Competencia (CNMC) ha estimado en 48.000 millones de euros el importe de los sobrecostes por falta de competencia en las licitaciones públicas. Una auténtica sangría para el Estado a la que nadie parece querer poner remedio, pese a que la contratación pública supera el 15 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) de nuestro país. ¿Por qué esta desidia a la hora de taponar un sumidero por el que se escapa una parte importante de los Presupuestos Generales del Estado? Sin duda porque detrás de los sobrecostes no solo hay una gestión deficiente, mal calculada o sometida a imprevistos o incidentes con los que los ingenieros del proyecto no contaban en un principio sino porque en esos sobrecostes van también incluidas las corruptelas entre empresarios y políticos, las comisiones y las mordidas, sobre todo en el ámbito de la administración municipal.En los últimos meses, la CNMC ha lanzado una campaña para solicitar la colaboración de los órganos de la Administración Pública con el objetivo de mejorar los procedimientos de contratación y la persecución de las irregularidades en los concursos públicos. El “superregulador” organiza desde hace varios meses charlas formativas en diferentes departamentos y ha creado una lista de elementos a considerar a la hora de valorar la existencia de posibles acuerdos anticompetitivos entre las empresas que participan en el concurso para que las administraciones puedan detectar indicios de manipulación. ¿Es suficiente con estas charlas de reciclaje para funcionarios con buenas intenciones? Evidentemente no. Sin un poder coercitivo fuerte (policías y unidades de investigación bien dotadas de medios humanos y materiales) y sin una Justicia limpia e imparcial será imposible acabar con esta lacra que corroe los cimientos de las instituciones.Algunos síntomas de que detrás de un sobrecoste puede haber corrupción son la “existencia de un reducido número de licitadores, incoherencias en las ofertas, similitudes injustificadas y otros patrones de comportamiento sospechoso”. Además, el regulador insiste en la necesidad de mejorar el diseño de los concursos que realizan las administraciones públicas para que “las cláusulas en los pliegos de contratación sean respetuosas con los principios de la regulación económica eficiente y no incluyan restricciones injustificadas a un aprovisionamiento competitivo”.La CNMC ha animado a aquellos que participan en órganos o mesas de contratación y detectan indicios de este tipo de conductas a que “se pongan en contacto con la Autoridad de Defensa de la Competencia. El regulador investigará todos los indicios de manera confidencial para confirmar la posible manipulación de la licitación”. Es decir, se está animando a denunciar la corrupción, algo que no suele ser una buena idea para las víctimas y testigos, que generalmente son abandonados a su suerte por el Gobierno y tienen que convivir con las amenazas de los corruptos.
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