El Gobierno libanés anunció este lunes la prohibición inmediata de todas las actividades militares y de seguridad de Hezbolá, después de que la milicia chií lanzara cohetes y drones contra el norte de Israel en represalia por la muerte del líder supremo iraní, Ali Jamenei.
La decisión llega en un contexto de fuerte escalada regional tras los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán, que han desencadenado una cadena de represalias desde territorio iraní y de sus aliados en la región.
En una declaración difundida tras una reunión extraordinaria del gabinete, el primer ministro Nawaf Salam afirmó que el Estado libanés “rechaza cualquier acción militar o de seguridad lanzada desde su territorio fuera del marco de sus instituciones legítimas” y subrayó que “la decisión de guerra y paz corresponde exclusivamente al Estado”. El comunicado añade que esta posición “implica la prohibición inmediata de todas las actividades de seguridad y militares de Hezbolá, por considerarlas fuera de la ley, y la obligación de entregar sus armas al Estado libanés”.
El Ejecutivo ordenó a las fuerzas armadas y a los servicios de seguridad que impidan el lanzamiento de cohetes o drones desde territorio libanés y que detengan a los responsables de cualquier operación armada al margen de las instituciones oficiales. El plan incluye instrucciones concretas al Ejército libanés para aplicar medidas de restricción de armas, en particular al norte del río Litani, zona clave en la aplicación de las resoluciones de la ONU sobre la presencia de grupos armados en el sur del país.
La medida supone un paso sin precedentes contra Hezbolá, que forma parte del Parlamento y del propio Gobierno libanés y que durante décadas ha mantenido un brazo armado considerablemente más poderoso que las fuerzas regulares del país. Desde el alto el fuego con Israel alcanzado en noviembre de 2024, la comunidad internacional ha presionado a Beirut para que refuerce el control estatal sobre las armas y evite que el territorio libanés se utilice como plataforma de ataques que puedan arrastrar al país a una guerra abierta.
El anuncio del gabinete se produjo horas después de que Hezbolá reconociera haber lanzado una salva de misiles y drones contra instalaciones militares en el norte de Israel, que el grupo presentó como respuesta al asesinato de Jamenei y a los continuos ataques israelíes sobre Líbano. Israel replicó con intensos bombardeos sobre los suburbios del sur de Beirut, bastión de Hezbolá, y otras zonas del país, causando al menos 31 muertos y 149 heridos, según el Ministerio de Sanidad libanés.
Las autoridades israelíes responsabilizan directamente a Hezbolá de la escalada y han señalado a su líder, Naim Qassem, como “objetivo de eliminación”, al tiempo que amplían los ataques a infraestructuras y posiciones vinculadas al grupo en todo el territorio libanés. El jefe del Estado Mayor israelí, Eyal Zamir, advirtió de que cualquier agresión desde Líbano tendrá una respuesta “severa”, mientras Israel ha movilizado decenas de miles de reservistas en el frente norte.
El Gobierno libanés, por su parte, ha intentado presentar la decisión como un intento de reafirmar la soberanía del Estado y evitar que Líbano quede atrapado en un conflicto regional que no controla. El gabinete reiteró su “disociación” de las disputas regionales y pidió a los países garantes del alto el fuego con Israel que obtengan un compromiso claro para detener los ataques contra territorio libanés y permitir una vuelta a la vía diplomática.
Pese a la contundencia del anuncio, queda por ver hasta qué punto el Estado libanés podrá aplicar en la práctica la prohibición de las actividades armadas de Hezbolá, dada la capacidad militar del grupo y su arraigo político y social. Analistas y medios regionales destacan que la resolución puede aumentar la tensión interna entre las fuerzas favorables a limitar el poder de la milicia chií y sus aliados, en un momento de extrema fragilidad económica y política para Líbano.