La inflación vuelve a dar una señal preocupante en España. El Índice de Precios de Consumo (IPC) alcanza en agosto una tasa anual estimada del 4,3%, siete décimas por encima del 3,6% registrado en julio, según el indicador adelantado publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE).
El dato supone un importante repunte en apenas un mes y devuelve el incremento general de los precios a niveles que vuelven a presionar con fuerza la economía doméstica. Detrás de esta aceleración están principalmente los combustibles y lubricantes para vehículos personales, cuyos precios han aumentado este agosto frente al descenso registrado en el mismo mes de 2025.
También contribuyen, aunque en menor medida, los alimentos y bebidas no alcohólicas. En este caso, no porque hayan aumentado necesariamente con intensidad durante agosto, sino porque su descenso ha sido menor que el registrado hace un año. Ese efecto estadístico provoca que su aportación a la tasa interanual sea ahora mayor.

El dato publicado por el INE es todavía provisional. Se trata del indicador adelantado correspondiente a agosto y tendrá que confirmarse con la publicación definitiva del IPC el próximo mes. Pero, de mantenerse, supondría una aceleración considerable de la inflación española durante el tramo final del verano.
Siete décimas más en apenas un mes
La diferencia entre julio y agosto resulta especialmente significativa.
En julio, la inflación anual se encontraba en el 3,6%. Un mes después, la estimación del INE la coloca en el 4,3%. Son siete décimas adicionales en un periodo muy corto y una evidencia de que la evolución de los precios continúa siendo vulnerable a factores como la energía y los combustibles.
Además, el comportamiento mensual confirma esa presión.
Los precios de consumo habrían aumentado un 0,7% en agosto respecto a julio, de acuerdo con el indicador adelantado. Es decir, no se trata únicamente de una comparación con los precios existentes hace doce meses: durante el propio mes de agosto el coste general de los bienes y servicios adquiridos por los hogares volvió a avanzar con fuerza.
Ese incremento mensual del 0,7% adquiere especial relevancia porque agosto es un periodo marcado por los desplazamientos, las vacaciones y un elevado consumo relacionado con el transporte y el turismo. El encarecimiento de los carburantes termina repercutiendo directamente sobre quienes utilizan el vehículo privado, pero también puede trasladarse de manera indirecta al coste del transporte y la distribución de mercancías.
La inflación subyacente baja al 2,9%
Existe, sin embargo, un dato que introduce cierto matiz en la evolución general.
La inflación subyacente, que excluye los alimentos no elaborados y los productos energéticos por ser los componentes tradicionalmente más volátiles, desciende una décima y se sitúa en el 2,9%. La diferencia es considerable respecto al IPC general del 4,3%.

Esto indica que buena parte del fuerte repunte de agosto está relacionado con factores energéticos y con determinados productos cuyos precios pueden experimentar grandes oscilaciones, más que con una aceleración uniforme del conjunto de bienes y servicios.
No significa, sin embargo, que el problema inflacionista haya desaparecido. Una inflación subyacente del 2,9% continúa mostrando un incremento sostenido de precios en componentes menos expuestos a variaciones puntuales de la energía.
Para los hogares, además, la distinción estadística entre inflación general y subyacente tiene una importancia limitada cuando deben llenar el depósito, realizar la compra o asumir los gastos habituales del mes. Lo que determina su capacidad adquisitiva es cuánto cuestan finalmente los bienes y servicios que necesitan.
Los alimentos siguen condicionando el bolsillo
El INE identifica también los alimentos y bebidas no alcohólicas entre los elementos que explican el incremento de la tasa interanual.
Sus precios descienden en agosto, pero lo hacen menos que durante el mismo mes del año pasado.
Ese comportamiento contribuye a elevar la comparación interanual y demuestra hasta qué punto la cesta de la compra continúa siendo uno de los elementos fundamentales para comprender la percepción que tienen los ciudadanos sobre la inflación.
La evolución de los alimentos resulta especialmente sensible porque afecta proporcionalmente más a los hogares con menores ingresos. A diferencia de otros gastos, buena parte del consumo alimentario no puede aplazarse ni reducirse fácilmente.
Por ello, incluso cuando determinados productos moderan sus precios, el nivel alcanzado después de varios años de incrementos continúa condicionando la capacidad de gasto de muchas familias.
El IPCA sube todavía más: 4,5%
El repunte aparece también reflejado en el Índice de Precios de Consumo Armonizado (IPCA), utilizado para comparar la evolución de la inflación española con la del resto de países europeos.
La tasa anual estimada del IPCA alcanza en agosto el 4,5%, seis décimas más que el mes anterior.
Su inflación subyacente se sitúa en el 3,2%, mientras que la variación mensual estimada alcanza el 0,6%.
Este indicador resulta especialmente importante porque permite observar la evolución española utilizando una metodología comparable con la de los demás Estados miembros de la Unión Europea.
El dato del 4,5% confirma que la aceleración de los precios registrada durante agosto no constituye simplemente una particularidad metodológica del IPC nacional.
El poder adquisitivo vuelve al centro del debate
El fuerte repunte de agosto vuelve a situar el poder adquisitivo en el centro del debate económico.
Cuando los precios aumentan un 4,3% en términos interanuales, los salarios y prestaciones que crecen por debajo de ese nivel pierden capacidad real de compra. Una familia puede mantener exactamente los mismos ingresos y, sin embargo, disponer de menos recursos efectivos para adquirir los mismos bienes y servicios.
Esa es la dimensión cotidiana de la inflación.
El descenso de la subyacente ofrece una señal menos negativa, pero el salto de siete décimas del IPC general obliga a observar con atención la evolución de los próximos meses, especialmente el comportamiento de la energía y los alimentos.
Los datos definitivos permitirán conocer con mayor precisión qué componentes han empujado los precios y en qué proporción.
Por ahora, el indicador adelantado deja una fotografía inequívoca: agosto rompe la moderación de los últimos meses, coloca la inflación en el 4,3% y confirma que la batalla contra el aumento del coste de la vida está lejos de poder darse por terminada.
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