Estados Unidos e Irán se sientan en Ginebra entre amenazas militares y desconfianza mutua

La segunda ronda de negociaciones nucleares arranca este lunes con delegaciones lideradas por Abbas Araqchi y enviados de Trump, mientras Washington despliega el portaaviones más grande del mundo en Oriente Medio

16 de Febrero de 2026
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Mapa de las plantas nucleares de Irán

Las delegaciones de Estados Unidos e Irán han iniciado este lunes en Ginebra la segunda ronda de conversaciones indirectas sobre el programa nuclear iraní, en un clima marcado por la desconfianza y las amenazas cruzadas. Se trata del segundo encuentro tras la reunión celebrada el 6 de febrero en Mascate, Omán, que ambas partes calificaron como “positiva” pese a las profundas diferencias.
El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araqchi, encabeza la delegación de Teherán y tiene previsto reunirse con sus homólogos omaní y suizo, además del director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi. “La rendición ante las amenazas no está sobre la mesa”, declaró Araqchi antes de partir hacia Suiza, donde aseguró que lleva “ideas prácticas” para alcanzar un acuerdo “justo y equitativo”.
Por parte estadounidense, la delegación incluye a Jared Kushner, yerno y asesor principal del presidente Donald Trump, y al enviado especial Steve Witkoff. Las conversaciones, que se desarrollan de forma indirecta bajo la mediación de Omán, reflejan la dificultad de alcanzar un consenso cuando cada parte mantiene exigencias que la otra considera inaceptables.
 

 Presión militar y diplomacia en paralelo

El contexto de estas negociaciones está marcado por un importante despliegue militar estadounidense en la región. El viernes pasado, Trump anunció el envío del USS Gerald R. Ford, el mayor portaaviones del mundo, desde el Caribe hacia Oriente Medio. “Partirá muy pronto”, confirmó el presidente, quien también afirmó que un cambio de poder en Irán “sería lo mejor que podría pasar”.
Este segundo portaaviones se unirá al USS Abraham Lincoln, que ingresó en aguas del área operativa del Comando Central estadounidense (CENTCOM) el 26 de enero, aumentando significativamente la presencia militar estadounidense en el Golfo Pérsico. El secretario de Estado, Marco Rubio, intentó suavizar el mensaje el domingo durante una rueda de prensa en Bratislava: “Nadie ha sido capaz de concluir un acuerdo exitoso con Irán, pero lo intentaremos”, dijo, subrayando que Washington sigue “centrado en las negociaciones” y que el despliegue militar es una “medida preventiva”.
 

Líneas rojas y posiciones irreconciliables
Las diferencias entre ambos países parecen insalvables. Israel, a través de su primer ministro Benjamin Netanyahu (quien se reunió con Trump en Washington esta semana), aboga por un acuerdo que vaya más allá del programa nuclear e incluya la neutralización del programa de misiles balísticos de Irán y el cese de su apoyo a grupos como Hamás y Hezbolá. Netanyahu exigió que “todo el material enriquecido debe salir de Irán”.
Por su parte, Teherán ha dejado claro que no discutirá la interrupción del enriquecimiento de uranio ni la retirada de sus reservas enriquecidas. Ibrahim Rezaei, miembro del Comité de Seguridad Nacional del Parlamento iraní, afirmó a la agencia Tasnim que su país no es “muy optimista” debido a los “precedentes de Washington en la violación de acuerdos”, y subrayó que las conversaciones no incluirán el programa de misiles ni cuestiones regionales.
 

¿Diplomacia o guerra?
La comunidad internacional observa con inquietud estas negociaciones. El viceministro iraní de Exteriores, Majid Takht-Ravanchi, declaró a la BBC que “la pelota está en el campo de Estados Unidos” y que “si es sincero”, puede alcanzarse un acuerdo. Sin embargo, en Teherán existe cautela sobre el resultado, especialmente tras la guerra de 12 días entre Israel e Irán en junio de 2025, en la que Washington participó bombardeando instalaciones nucleares iraníes.
Estas son las primeras conversaciones desde ese conflicto, que comenzó el 13 de junio de 2025 con la Operación León Ascendente israelí contra instalaciones nucleares iraníes y terminó el 24 de junio con un alto el fuego anunciado por Trump. Aunque el mandatario estadounidense ha manifestado preferir una solución diplomática, ha amenazado repetidamente con acciones militares si no se logra un acuerdo. Las naciones del Golfo Pérsico han advertido que cualquier escalada podría desencadenar un nuevo conflicto regional en una zona ya marcada por la inestabilidad.
Suiza, que representa los intereses estadounidenses en Irán desde la ruptura de relaciones diplomáticas tras la crisis de los rehenes de 1980, desempeña su tradicional papel como facilitador neutral. Mientras tanto, Omán actúa como mediador activo intentando acercar posiciones entre dos países que llevan décadas enfrentados.
La pregunta que flota sobre Ginebra este lunes es si la diplomacia podrá abrir una vía de entendimiento o si, como en tantas ocasiones anteriores, las conversaciones servirán solo como preludio de una nueva escalada.

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