Mario es un toxicómano del parnéMario es un toxicómano del parné y dejarse el vicio de la pasta es mucho más difícil que dejarse el alcohol, las mujeres o la coca. No hay droga tan fuerte y adictiva como el dinero y hasta el ministro Soria parece haber caído ya en el cuelgue fatal de los paraísos caribeños.Durante todos estos años, el señor Conde, amigo de reyes y rey de los amigos, ha pretendido engañarnos, convencernos, hacerse pasar por hombre reformado que dejaba atrás su existencia prófuga de antes, su pasado oscuro, la mala vida. Empezaba otra vez, renovadas ilusiones, nuevos proyectos, nuevas empresas, Hogar y Cosmética, mayormente. Un futuro.
Mario siempre fue un fashion victimAhora sabemos que había más de cosmética que de hogar, más de imagen y fachada que otra cosa. Mario siempre fue un fashion victim, el gusto por el maquillaje (facial y financiero) la máscara, el dandismo, los cuellos de camisa almidonados y los gemelos de oro. Toda esa parafernalia del gran Anticristo engominado de la banca. Creíamos que estaba rehabilitado, desintoxicado, limpio. No era así.Ha engañado a la Justicia, a los psiquiatras del tribunal médico que le hacían el seguimiento semanal, a los yuppies que en los ochenta lo encumbraron a los altares de los negocios y a las flamantes cátedras de Derecho.Por un momento creímos que este Mario era otro Mario, pero a las primeras de cambio, en cuando lo dejamos un minuto a solas, se nos echa a la calle, se nos coge un jet privado y se nos pierde por los callejones de Zurich, temblando, salivando, tosiendo, buscando ansiosamente un camello de guardia de la banca suiza que le meta una inyección de capital letal por vena, un chute de dinero negro que le calme el vicio y lo devuelva nuevamente a la vida.Mario no tiene remedio ni redención posible, morirá como ha vivido, al margen de la ley, al límite, trincando a tope, como ese pistolero del Far West que siempre vuelve al lugar del duelo, como ese sicario que va asaltando bancos y Banestos a punta de revólver, siempre de casino en casino, de palo en palo, de golpe en golpe, con las alforjas llenas y huyendo del sheriff. Mario es un killer de las finanzas, un banquero a sueldo del mal, y siempre lo será. Si la cabra tira al monte y el yonqui tira a la farmacia nocturna repleta de trankimazines, Mario tira a la sucia Suiza llena de fondos buitre y buitres que tocan fondo.¿Qué mal escondes, Mario Conde? ¿Dónde están los quince kilos de Banesto que te apestillaste? Nunca debimos haberlo dejado solo. Le tendríamos que haber puesto un preso de apoyo que lo siguiera día y noche, un escolta full time, un ángel o enfermero que lo vigilara a todas horas para que no cayera de nuevo en el turbio vicio del desfalco. Una pulsera con chip electrónico. Ahora ya es demasiado tarde. Pobre diablo. Lo hemos perdido para siempre.
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