Los astrónomos consiguen observar casi desde el primer instante cómo muere una estrella 30 veces más masiva que el Sol

Un breve destello de rayos X permitió seguir durante meses una supernova situada a unos 500 millones de años luz

22 de Agosto de 2026
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Los astrónomos consiguen observar casi desde el primer instante cómo muere una estrella 30 veces más masiva que el Sol

Una estrella puede vivir millones de años.

Pero el instante que anuncia su muerte puede durar tan poco que contemplarlo constituye una extraordinaria casualidad.

El 21 de marzo de 2026, el telescopio espacial chino Einstein Probe detectó un brevísimo destello de rayos X procedente de una galaxia situada aproximadamente a 500 millones de años luz.

Los astrónomos comprendieron rápidamente lo que podían estar viendo: la onda de choque producida por el colapso de una estrella estaba atravesando su superficie.

El fenómeno recibe el nombre de shock breakout.

Los modelos indican que debería producirse en las supernovas, pero resulta extraordinariamente difícil observarlo porque dura muy poco. El registrado en esta ocasión fue el primero detectado desde 2008.

A partir de ese momento comenzó una carrera científica.

El observatorio espacial Chandra y numerosos telescopios terrestres apuntaron hacia el mismo punto y siguieron durante casi tres meses la evolución de la explosión.

La estrella original habría tenido alrededor de 30 veces la masa del Sol y pertenecía al tipo Wolf-Rayet: estrellas extremadamente calientes y masivas que antes de explotar han perdido buena parte de sus capas exteriores.

El resultado fue la supernova SN 2026gzf.

Y apareció una sorpresa.

La explosión tenía algunas características asociadas a determinadas supernovas capaces de producir chorros relativistas y estallidos de rayos gamma, pero en este caso los astrónomos no detectaron ese gran estallido.

Una de las posibilidades estudiadas es que el chorro se formara pero no consiguiera atravesar completamente las capas de material que rodeaban la estrella, quedando de algún modo “ahogado”.

Eso importa porque demuestra que la muerte de las estrellas masivas puede seguir caminos más variados de lo que indican los modelos más sencillos.

La estrella murió hace aproximadamente 500 millones de años.

La luz de aquella muerte necesitó todo ese tiempo para atravesar el universo.

Y en marzo de 2026 llegó a la Tierra justo cuando teníamos un telescopio mirando hacia allí.

 

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